La ciudad: hiperdensidad

Durante años fue muy popular en Norteamérica que los urbanistas y gobiernos favorecieran la expansión de las ciudades hacia los suburbios: desde las propuestas de las ciudades jardín, a los proyectos de Broadacre City 193458 de Frank Lloyd Wright. El ejemplo fue seguido ...

Durante años fue muy popular en Norteamérica que los urbanistas y gobiernos favorecieran la expansión de las ciudades hacia los suburbios: desde las propuestas de las ciudades jardín, a los proyectos de Broadacre City (1934-58) de Frank Lloyd Wright. El ejemplo fue seguido en muchos países, que adoptaron sin cuestionar los posibles efectos negativos de esa dispersión. En México, los primeros ejemplos fueron Jardines del Pedregal (1945-1953) y Ciudad Satélite (1955). El éxito de esos desarrollos inmobiliarios definió una nueva manera de vivir en la ciudad: lejos del centro, en grandes conjuntos jardinados, con modernas infraestructuras. Lo que primero fue privilegio de pocos, se adaptó después para muchos. El problema ha sido los millones a los que se ofreció una casa en los suburbios están lejos del centro, no tienen jardines y tampoco buenos servicios o transporte. 

Al agravarse la crisis energética, las ciudades dispersas han enfrentado graves problemas económicos por el dispendio en los recursos que requiere para mantener zonas suburbanizadas. Esa corriente ha sido severamente cuestionada y recientemente se han ofrecido otras alternativas.

Con la misma fuerza que antes se tuvo para dispersar las ciudades, ahora se aboga para densificarlas. La propuesta de Edward GlaeserEl triunfo de las ciudades— argumenta que las grandes urbes nos hacen más ricos, inteligentes, sustentables, sanos y felices: una utopía hecha realidad. Dentro de esa misma corriente, pero aún más radical, es la de Vishaan Chakrabarti (A country of cities, New York, Metropolis Books, 2013). Es evidente que estas propuestas requieren de un buen número de seguidores para que su impacto se haga realidad, y nada mejor que las escuelas e institutos para tener un grupo de jóvenes acólitos del “nuevo” evangelio. Por eso, no es casualidad que los dos sean profesores; el primero de economía en Harvard y el segundo dirige un instituto de estudios inmobiliarios en Columbia; además, los dos presentan a la ciudad de Nueva York como modelo a seguir.

El subtítulo del libro de Chakrabarti: “Un manifiesto para la América urbana” es una fuerte declaración de principios y objetivos, y una urgente llamada a la acción. Su análisis sobre las ciudades norteamericanas demuestra que, por primera vez, desde 1920 están creciendo más que los suburbios. Propone que la solución a todos los problemas que enfrentan las grandes ciudades: degradación ambiental, parálisis económica, aumento de los costos en el mantenimiento de servicios, congestionamiento del tránsito y la falta de movilidad social, es densificarlas aún más. Para Chakrabarti la hiperdensificación de una ciudad se justifica si tiene la población necesaria para sustentar —económicamente— sistemas de transporte público, que permiten mayor eficiencia en su mantenimiento y ofrecen mejores oportunidades para toda la población, al concentrar las actividades de millones de personas. Con el fervor de un evangelista, Chakrabarti denuncia los factores que impiden densificar las ciudades, y expone las condiciones que se requieren para que su propuesta se aplique en Norteamérica. Critica a los urbanistas que defienden densidades como las de ciudades europeas

—París o Barcelona— que tienen 200 departamentos por hectárea, logrando alta densidad, con poca altura. Sin embargo, la importancia de este tema y las radicales alternativas que propone Chakrabarti merecen un próximo artículo.

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