¿Por qué negarse a estudiar los temas que “interesan a todos”? ¿Soberbia, o incapacidad?

Su desconocimiento de todo lo relacionado con el procedimiento legislativo, lo lleva a equivocar el blanco de su petición...

El texto del segundo desplegado del señor Cuarón que hace dos días exhibe, tal y como sucedió con el primero, su ignorancia supina (Ignorancia supina: Que procede de negligencia en aprender o inquirir lo que debe saberse).

Esta vez, ya con el impulso de los aplausos de los políticamente correctos producidos por el primer desplegado, va aún más lejos en sus ocurrencias; rebasa lo que planteó en aquél y pide tres debates al Ejecutivo con lo que muestra que desconoce lo relacionado con el procedimiento legislativo de toda iniciativa de ley.

Sin duda, lo suyo es el cine; lo que se aparte de ese tema, no sólo lo ignora sino que se muestra renuente a aprenderlo o a inquirir lo que debe saber como es frecuente con los famosos al tratar los temas que ignoran.

Su desconocimiento de todo lo relacionado con el procedimiento legislativo, lo lleva a equivocar el blanco de su petición; ni por accidente se ha preocupado por leer el Reglamento del Senado de la República que en su artículo 164 establece, que “El ejercicio del derecho de iniciativa da principio al procedimiento legislativo. Consiste en la presentación de un proyecto de ley o decreto por parte de alguno o algunos de los sujetos facultados para ello por la Constitución” (en su artículo 71).

Sus asesores, tan malos como los que pululan en ambas Cámaras del Congreso de la Unión, no supieron o no se atrevieron a decirle que la propuesta de los debates debería dirigirla al Poder Legislativo no al Ejecutivo.

Al haber comenzado el “procedimiento legislativo”, el Ejecutivo —que en este caso es quien promueve el paquete de 21 iniciativas de leyes secundarias en materia energética—, ya nada tiene que ver con dichas iniciativas pues ahora, el responsable de su análisis, discusión y posterior aprobación es el Congreso; es decir, el Poder Legislativo.

En consecuencia, la petición de los debates en tiempo “prime” los cuales, dice Cuarón, deberán ser “comprensibles, eficaces, ágiles, con reglas de debate modernas, en los que esté prohibido leer a los participantes”, debió hacerla al Legislativo.

¿Por qué tanta ignorancia de algo tan elemental? ¿Acaso lo domina la soberbia, producto ésta de la fama que alcanzó como director cinematográfico? ¿Acaso hay también algo de incapacidad intelectual para comprender las especificidades del procedimiento legislativo?

Ahora bien, al plantear en el segundo desplegado lo de “Una última pregunta”, ¿significa que hasta ahí llegó? ¿Tan pronto “tiró la toalla”? ¿Su lucha fue, para decirlo de manera coloquial, “un cerillazo que de pronto se apagó”?

Veamos ahora otro ángulo de las demandas planteadas por el señor Cuarón. ¿Acaso su conducta es la misma que siguen otros directores cinematográficos famosos de otros países, cuando se trata de temas importantes para la sociedad en la que se desenvuelven? Pienso que no.

Hay un caso conocido que va, para decirlo claro, en otra dirección; Michael Moore, quizás el más popular por sus documentales donde, al hacer lo que sabe —cine—, aborda problemas que han impactado a la sociedad para lograr, así, elevar la consciencia de grupos amplios respecto de aquéllos.

Ante los desfiguros del señor Cuarón, propios de sedicentes intelectuales  y famosos sin ciencia aborrecida sólo por ser eso, ¿no hubo quién le recomendara hacer algo similar a lo que hizo Moore o de haberlo, se negó pues le pareció más chic insertar dos desplegados, mal escritos y peor sustentados?

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