El crédito bancario al cierre de septiembre creció a cuatro veces la tasa de crecimiento promedio de la economía en los primeros nueve meses de este año de acuerdo con las cifras preliminares de Banxico y la CNBV.
BBVA, banco líder del sistema que preside Eduardo Osuna, reportó una expansión de 12.3% en su cartera de crédito, y muy cerca de ese dato (11.2%) quedó el crecimiento del crédito en Santander, que encabeza Felipe García. Se espera un crecimiento similar en el segundo banco del sistema (Banorte, que dirige Marcos Ramírez, reporta el martes) y, aunque en menor medida porque aún no despliega el potencial del crédito corporativo, Banamex al menos en consumo y comercial está expandiendo a doble dígito. Inbursa, que dirige Javier Foncerrada, creció a 12.9% con énfasis en consumo (le fue bien con la tarjeta cobrandeada con Aeroméxico) y comercial. HSBC, Scotiabank y Banamex realizarán el reporte regulatorio en los próximos días.
Traigo esto a colación porque en el mercado de crédito del sistema bancario se ha incrementado de tal forma la competencia, que los reportes, incluyendo los de consumo, están haciendo una fuerte diferencia entre número de clientes y de clientes activos, lo que muestra que sólo los bancos mencionados son responsables de 76.73% de la colocación de crédito y la atención efectiva de 53 millones de personas y poco más de 1.1 millones de empresas.
Con 53 bancos en el sistema, más todos los intermediarios no bancarios, el crédito al sector privado y el bancario al sector privado están alcanzando 39% del PIB y el objetivo es llevarlo a 45% al cierre de 2030.
¿Es mucho? Evidentemente, no para crecer y favorecer la formación de capital para invertir. Según el FMI, la proporción del crédito que debería tener una economía para alcanzar un crecimiento promedio de 4% por año, debería estar entre 80%-100 por ciento.
En economías como las desarrolladas o emergentes intermedias, esta proporción alcanza entre 110% y 140%, pero hay un rango óptimo de crecimiento que tiene que ver con factores y el más importante es la capacidad de ampliación del capital junto con el control de la cartera vencida. Si observamos el crecimiento mostrado por el G7 y la expansión crediticia por segmento, bancos con más de 30 años, pero ubicados en el G8/18, tienen carteras promedio de entre 100 mil y 200 mil mdp, el tercer segmento (las filiales corporativas) es difícil de estimar su participación real en el impulso de crédito privado porque su libro no está radicado en México. Finalmente, el que va del G30 al G53, donde están los new commers y bancos digitales, con carteras inferiores a 100 mil mdp; alta concentración en consumo y apenas un poco en microempresas, aunque ya superan la decena no concentran más de 2% de la cartera del sistema, pese a que dicen tener más clientes que el sistema mismo.
¿Por qué se lo comento? A México le ha tomado 32 años para alcanzar 39% de penetración del PIB, lo que implica que aún con crecimientos por arriba 4.6% (con picos de doble dígito) del que registra la economía en este periodo (1.9), el promedio de penetración del financiamiento bancario al sector privado por año es de 1.2% del PIB. Ahora que si considerara el crédito total de la economía, incluyendo el de los mercados informales, proveedores en cadenas comerciales y entidades no bancarias, tal vez Banxico y Hacienda se explicarían mejor por qué la economía informal crece a doble tasa de lo que lo hace la economía formal y, lo más importante, impulsaría los factores que lastran la formalización y el crecimiento del crédito. La competencia no lo hace todo, pero si se pudieran revisar reglas para facilitar el fondeo y capitalización de los grupos inferiores, tal vez ayudaría.
DE FONDOS A FONDO
#Pemex… Hoy se presentan los resultados financieros de Pemex. Hasta el 30 de agosto llevaba la empresa petrolera una aportación gubernamental de capital por 7 mil 700 mdd, según el reporte 6F entregado a la SEC. ¿Qué espera el mercado?, que la pérdida operativa acumulada haya aumentado, que el déficit de capital se haya ampliado y que la reducción de la deuda y el pago del servicio de Pemex siga pesando sobre las finanzas públicas por encima de lo que aporta Pemex al erario. ¿Por cuánto tiempo más? ¡Quién sabe!
