El Compendio Nacional de Insumos para la Salud que integra el Consejo de Salubridad General, cuya secretaria es la doctora Patricia Clark, está integrado por 14,806 claves, que incluyen medicamentos, material de curación, instrumental, equipo médico y auxiliares de diagnóstico, y todos los fabricantes buscan que sus productos sean incorporados en los procesos de licitación y también asignación del sector salud, a pesar de que el mercado privado de atención de la salud es el más relevante en México, incluso para población abierta (no asegurada) y de menor ingreso.
El tema de medicamentos siempre es polémico porque es el eslabón más evidente de una controversia que ha mostrado una crisis de abasto, logística y de falta de pago desde que se realizó el cambio en el sistema de compras públicas de 2019, y su exposición se acentúa por la falta de comunicación de cambios que se está adoptando en México y que sigue la guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque opera con cuadros básicos institucionales, recetas electrónicas —el problema en mucho es la digitalización—, precios estandarizados y guías clínicas para los médicos de los diferentes niveles.
Justo en el IMSS, que dirige Zoé Robledo, se ha utilizado el sistema siempre y se ha solicitado que la prescripción incluya el nombre del genérico (no el comercial) y que se ciña a los medicamentos o insumos que están en el catálogo disponible de la institución.
Lo mismo ocurrirá a partir del 1 de agosto en las unidades médicas del IMSS-Bienestar, que encabeza Alejandro Svarch, pues eso, para la guía de la OMS, prioriza el acceso gratuito o de bajo costo, y en todos los casos se ciñen a las guías que, en el caso de México, duplican el número de medicamentos esenciales recomendados por la citada organización. El que el IMSS-Bienestar se incorpore al sistema, esto es, que sus médicos no puedan recetar medicamentos que no estén en el catálogo disponible de cada unidad médica, no implica que no recete lo que considere mejor para el paciente, sino que termina con una fuga institucional de recursos que propició el fraccionamiento del sistema de salud cuando se descentralizó la atención hacia las entidades. Algunas eran eficientes, pero otras... usted conoce las historias como yo.
Cada entidad era responsable de su sector salud y, en una entidad con menos población que la Ciudad de México, se llegaba a decuplicar la compra de ácido acetilsalicílico y de la marca más cara, sin que hubiera justificación por el historial.
Sólo que, en las posturas, una decisión de política pública orientada a unificar la prescripción en un sistema central (que para el mismo mal se recete lo mismo en Guanajuato o en Cancún), hay vasos medio llenos y medio vacíos, y también son una señal clara de ausencia de información oficial. No todo lo que se dice en una mañanera llega al pueblo sabio.
Lo que se difunde es que el 30 de marzo pasado se informó que el gobierno (el sistema completo regido por el doctor Kershenobich) redujo el catálogo de medicamentos del sistema de salud pública de 2,753 a 1,929 claves, pero que en “hospitales de segundo nivel del IMSS-Bienestar trabajarán con sólo 871 claves autorizadas”, lo mismo que se cuestiona la eliminación de recetas terapéuticas sin evaluación externa y el que en el sistema de distribución de insumos para comunidades aisladas, denominadas “rutas para la salud”, se haya reducido a 147 claves esenciales la prescripción. El presupuesto de salud representó el año pasado 2.7% de PIB, y el gasto en salud púbica rasgó el billón de pesos, mientras que el mercado privado de salud tuvo un gasto de 1.2 billones de pesos y, según el IMCO, 45% de ese gasto se realizó en farmacias, incluyendo la consulta.
Hay puntos a resolver, pero es curioso que el debate se centre en compra y distribución de medicamentos y no en si el catálogo de claves atiende efectivamente el diagnóstico nacional de enfermedades de nuestra población y en cómo mejorar el catálogo y el presupuesto para medicamentos oncológicos, para enfermedades inmunes que han crecido, etcétera, o si el sistema de atención médica estandarizado con receta de esenciales y no de evaluación externa ha mejorado la salud de la población. Probablemente tengamos sorpresas.
