LAS VIEJAS
¿Qué tan viejas son realmente las manzanas que compramos en el supermercado?
R. La mayoría de las manzanas que llegan a supermercados mexicanos y estadunidenses no son frescas del huerto: suelen tener entre 3 y 10 meses de almacenamiento. Después de cosecharse, se guardan en cámaras de “atmósfera controlada” que reducen oxígeno y temperatura para frenar la maduración. Esto permite ofrecer manzanas todo el año, pero también explica por qué algunas tienen textura harinosa o sabor menos intenso. Las variedades más comerciales —como Gala, Red Delicious y Granny Smith— toleran bien este proceso, mientras que las de producción artesanal se venden más rápido y con menor vida útil. No es un riesgo para la salud, pero sí afecta calidad y nutrientes.
QUIÉN VA GANANDO
¿Quién va ganando: Ucrania o Rusia?
R. No existe un “ganador” claro y cualquier afirmación debe verificarse con fuentes confiables. Rusia controla territorios en el este y sur de Ucrania, mientras Ucrania mantiene resistencia militar y apoyo internacional significativo. El conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste: avances lentos, retrocesos puntuales y enormes costos humanos. Analistas coinciden en que la situación es estancada, con líneas de frente que cambian poco y una dependencia creciente de armamento externo. Ucrania ha logrado frenar ofensivas rusas en varias zonas, pero Rusia conserva capacidad logística y recursos para sostener operaciones prolongadas. La pregunta no es quién gana hoy, sino cómo y cuándo podría terminar un conflicto que redefine la seguridad europea.
EL DESAYUNO
Con tanta información sobre ritmos circadianos y crononutrición, ¿existe realmente una hora en la que deberíamos desayunar?
R. Sí hay una ventana que funciona mejor para la mayoría de las personas, aunque no es una regla rígida. El cuerpo arranca su metabolismo temprano y está más preparado para procesar glucosa y usar energía durante las primeras horas del día. Por eso, desayunar dentro de las dos horas posteriores a despertar suele ser lo más eficiente. No se trata de comer apenas abrir los ojos, sino de no dejar que la mañana avance demasiado sin darle combustible al organismo.
En México, donde mucha gente desayuna tarde por horarios laborales o escolares, esto puede marcar diferencia. Saltarse el desayuno o retrasarlo demasiado tiende a aumentar el hambre más adelante y favorece comidas más grandes y menos reguladas. También afecta la sensibilidad a la insulina, que es naturalmente más alta por la mañana.
La recomendación práctica es simple: desayunar temprano, pero con intención. Algo que combine proteína, fibra y carbohidratos de absorción lenta. No es una regla universal, pero sí una ventaja metabólica que la ciencia respalda.
