Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 22 de septiembre de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

SOPLAR Y SOPLAR 

¿Soplar la comida puede realmente enfriarla?

R. Sí, y funciona mejor de lo que creemos. Soplar acelera la evaporación, que es el mecanismo más eficiente para perder calor. Cuando el aire en movimiento pasa sobre la superficie del alimento, se lleva consigo moléculas de agua que se evaporan; ese proceso consume energía en forma de calor. Además, el aire que expulsamos suele estar más frío que la comida, así que también ayuda por conducción. Por eso una cucharada de sopa ardiendo baja de temperatura en segundos mientras un plato quieto tarda minutos. No es magia doméstica: es física básica aplicada a la mesa.

DURO

¿Por qué el pan “se endurece” tan rápido?

R. No es que se seque: es que retrograda el almidón. Cuando el pan se enfría después de hornearse, las moléculas de almidón se reorganizan y expulsan agua hacia la miga. Ese proceso lo vuelve más rígido y menos elástico. Guardarlo en refrigeración acelera el problema; por eso el pan frío parece viejo. La mejor defensa es envolverlo y mantenerlo a temperatura ambiente. Y si ya está duro, unos segundos de calor revierten parcialmente la retrogradación.

RECALENTADA

¿Por qué la pasta sabe mejor el día siguiente?

R. La mezcla de ingredientes se integra químicamente. Las salsas con tomate, ajo, cebolla o queso liberan compuestos aromáticos que se difunden en la pasta durante horas. Además, la pasta refrigerada pierde algo de agua y se vuelve más firme, lo que mejora la textura. Es el mismo principio de los guisos que “reposan”: el sabor se vuelve más redondo y menos agresivo. No es nostalgia; es química culinaria.

SE PEGA

¿Por qué el hielo a veces se pega a la piel?

R. Porque el agua entre la piel y el hielo se congela instantáneamente. Si la superficie está húmeda, el contacto con algo muy frío solidifica esa película de agua y actúa como pegamento. Es el mismo fenómeno que hace que la lengua se adhiera a un poste metálico en invierno. Para evitarlo, seca la piel antes de manipular hielo o usa una barrera como una servilleta.

LA MIRADA

¿Señor La Mont, es verdad que podemos sentir cuando alguien nos está mirando?

R. La sensación de “ser observado” tiene más de intuición que de magia. El cerebro está entrenado para detectar patrones: movimientos en el entorno, cambios en la expresión de otros, incluso variaciones mínimas en la postura. A veces esos indicios son tan sutiles que no los registramos de manera consciente, pero igual activan una alerta. También influye el contexto: si estamos en un lugar desconocido o nos sentimos vulnerables, interpretamos cualquier estímulo como señal de vigilancia. Los estudios muestran que no tenemos un “sexto sentido” infalible, aunque sí una capacidad social muy afinada para leer miradas y actitudes. Lo que llamamos presentimiento suele ser percepción rápida y bien entrenada.

LÉXICO

¿Cuánto del idioma domina el hispanohablante promedio?

R. Un estudio de 2020 de la Universidad Nebrija, el Basque Center on Cognition, Brain and Language y la Universidad de Gante puso a prueba a 170 mil hispanohablantes de 19 países con un juego de reconocimiento léxico de más de 45 mil palabras. El resultado: el ciudadano promedio reconoce unas 30 mil, apenas un tercio de las cerca de 93 mil que reúne el Diccionario de la Real Academia Española. El vocabulario crece con la edad, la escolaridad y el número de lenguas que se hablan —a los 25 años rondamos las 25 mil palabras; a los 80, hasta 35 mil—. El resto del diccionario no se pierde: simplemente espera a que alguien lo necesite.

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