Quitan a Martí victoria moral
Tras la paliza recibida durante la mitad del mes pasado por su propia fracción, el senador Martí Batres se había retirado de la lucha por la presidencia de la Mesa Directiva del Senado, presumiendo una “victoria moral” que le dio el CEN de Morena. Luego de ...

Adrián Rueda
Capital político
Tras la paliza recibida durante la mitad del mes pasado por su propia fracción, el senador Martí Batres se había retirado de la lucha por la presidencia de la Mesa Directiva del Senado, presumiendo una “victoria moral” que le dio el CEN de Morena.
Luego de acusar a su coordinador, Ricardo Monreal, de haber operado en su contra para impedir de manera sucia su reelección como presidente de la Cámara alta, Batres se inconformó ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de su partido.
A nadie sorprendió que dicha comisión, presidida por el antropólogo de origen costarricense, Héctor Díaz-Polanco, le diera la razón al quejoso y ordenara a la fracción de Morena en el Senado reponer el proceso de selección de candidato para la mesa.
Tras esa resolución, Martí anunció que se bajaba de la contienda y que se daba por satisfecho con lo que llamó su “victoria moral”. Todos entendieron que, ni yendo a bailar a Chalma, ganaría otra interna y que sólo buscaba una salida digna a su derrota.
Pero si el exceuísta pensó que ya con eso había lavado un poco su imagen, maltrecha por los insultos lanzados a los integrantes de su propia fracción al acusarlos de recibir cañonazos de dinero de parte de su coordinador para que no lo reeligieran, se equivocó.
Con el largo colmillo que arrastra, Monreal y la nueva presidenta de la Mesa Directiva, Mónica Fernández, impugnaron ante el TEPJF la decisión de la Comisión de Honestidad de su partido y les darán la razón, dejando sin efecto el mandamiento de Morena.
La decisión seguramente caerá en el hígado a Batres, que quedó no sólo como ardido, mal perdedor y ambicioso vulgar —como califica el Presidente a todos los que actúan así—, sino a Díaz-Polanco y a la propia dirigente, Yeidckol Polevnsky, quienes odian a Monreal.
Habrá que ver ahora qué papel juega Martí como “senador raso” —calificativo que le dio a los legisladores considerados “de a pie”—, pues trae muy mal ambiente, se ha retraído y sus compañeros ya le perdieron la confianza.
Sus cercanos dicen que no esperaban que el hoy expresidente de la Mesa Directiva se llevara una paliza de tal tamaño y menos que fuera pateado en el piso, como si de una pelea callejera se tratara.
Ni hablar, lamentan que el capital político que Batres pudo acumular en su primer año como senador lo tiró por la borda desde el día que se rebeló e insultó a su coordinador, quien le dio una buena lección política que ojalá aprenda.
CENTAVITOS
Dicen los que saben que hoy será ratificado Alfonso Vega González como oficial mayor del Congreso de la Ciudad de México, cargo al que llegó como interino en julio pasado, cuando Javier El Güero González Garza fue echado “por pérdida de confianza”. La llegada de Vega González no deja de ser polémica, pues tiene un pasado cercano a Agustín Torres, exdelegado perredista en Cuauhtémoc, amén de que la diputada Guadalupe Chavira hizo berrinche, pues quería para uno de los suyos tan jugoso botín. Vega era secretario técnico de la también morena Guadalupe Morales, y de ahí dio el brinco.