A finales de los 90, Carlos Ahumada Kurtz, un osado empresario de origen argentino, enamoró a la entonces jefa de Gobierno del Distrito Federal, Rosario Robles Berlanga, para tener influencia en los gobiernos del PRD y obtener contratos de obra pública.
La rodeó de regalos, viajes en avión privado, casas, autos y diseñadores de moda y de imagen; los halagos rindieron a la influyente funcionaria, que cayó rendida a sus pies.
Pero Carlos no sólo consintió a Rosario, convirtiéndola en la Cenicienta de la Izquierda; también satisfizo los caprichos de su hija, Mariana Moguel Robles, quien en ese tiempo vivía la vida loca de los antros y el reventón; todo financiaba el empresario.
Ahumada inició en el negocio retirando cascajo de las obras en las barrancas y zonas de antiguas minas de Álvaro Obregón. Era osado y alquiló camiones de volteo para participar en el negocio.
Luego corrompió al gobierno del panista Luis Eduardo Zuno para obtener contratos en esa delegación, y poco a poco fue ampliándose a otras demarcaciones, donde compró a los nuevos delegados emanados de la izquierda.
Su método era sencillo y eficaz: financiaba campañas políticas a cambio de obra. El empresario daba dinero y exigía poner a los responsables de Obras en cada delegación; los contratos eran jugosos. Entre sus principales socios estuvieron Ramón Sosamontes, en Iztapalapa; Francisco Martínez Rojo, en Tláhuac, y Carlos Ímaz, en Tlalpan, pero no fueron los únicos. Amasó una fortuna que le dio incluso para comprar un periódico y al equipo de futbol León.
Hizo grandes negocios con Lázaro Cárdenas Batel, cuando el nieto del general fue gobernador de Michoacán. Le fue tan bien con él que tuvo que abrir una sucursal de Grupo Quart, su empresa, en tierras purépechas.
Su caída se precipitó al exhibir en videos a René Bejarano, exsecretario particular de Andrés Manuel López Obrador en el Gobierno del DF; a Gustavo Ponce, su secretario de Finanzas; a Ímaz y al propio Sosamontes: el argentino acabó en la cárcel.
Años después de esa historia, aparece Alfredo Hernández Casillas, proveedor del Instituto Nacional Electoral, quien para aumentar sus contratos enamoró a la presidenta del organismo, Guadalupe Taddei.
Al igual que Ahumada hizo con Rosario, Alfredo llenó a Guadalupe de lujos, ropa, dinero, viajes, y a sus hijos de oropel. El empresario se apoderó de las áreas administrativas del INE y se extendió hasta los OPLE. “Yo formé toda la primera plana del INE (de Taddei)”, aseguró. El esquema de este sujeto es muy similar al del argentino hace más de 20 años; corrompió a la llamada izquierda proveniente del PRD, hoy bajo las siglas de Morena.
A Carlos lo encarcelaron cinco años; a Rosario se la cobraron con igual número de años, cuando López Obrador llegó a la Presidencia. Utilizaron el tema de La Estafa Maestra, cuando encabezó la Sedatu con Enrique Peña Nieto, para hundirla.
La cosa es ver si aquí pasará lo mismo, pues la 4T no acostumbra encerrar a los suyos, aunque sean unas lacras.
CENTAVITOS
Hugo Eric Flores anda vendiendo espejitos al asegurar que su partido, PAZ, no hará alianzas “con los de siempre”, pues dice que los mexicanos merecen opciones nuevas. Es la tercera vez que este sujeto, de pésima fama pública, registra un partido y luego se pliega con Morena. Hoy promete no hacer alianza electoral con nadie, lo que no dice es que la ley se lo impide por ser partido nuevo. Hugo Eric ha encabezado el PES, el PAZ y seguramente acabará en el PUS.
