El Mundial: ¿quién ganó realmente?

Abel Mejía Cosenza

Abel Mejía Cosenza

Trompe L'Oeil.

Se apagaron las luces, España levantó la Copa y terminó el Mundial más grande —y probablemente el más rentable— de la historia. Llegó entonces el momento de revisar un marcador que nunca aparece en televisión: el financiero. Y, ahí, el campeón es fácil de identificar: la FIFA. El Mundial 2026 reunió por primera vez a 48 selecciones, disputó 104 partidos y repartió sus encuentros entre tres países. Estados Unidos recibió 78; México y Canadá, apenas 13 cada uno. Para dimensionar el negocio, los ingresos de la FIFA durante este ciclo se acercan a 13 mil millones de dólares, contra los 7,600 millones del ciclo de Qatar. Solamente el Mundial habría generado cerca de 11 mil millones por televisión, boletos, patrocinios y otras fuentes comerciales. Hasta ahí, goleada financiera. 

El marcador mexicano requiere más VAR.

Antes del torneo se calculaba que 836 mil turistas visitarían México motivados por el Mundial: 556 mil nacionales y 280 mil extranjeros. La realidad estimada fue de solamente 494 mil: 296 mil nacionales y 198 mil extranjeros. Es decir, llegaron alrededor de 41% menos turistas de los esperados. El impacto económico final se calcula en 2,543 millones de dólares, aproximadamente 7% menos de lo previsto y equivalente apenas a 0.12% del PIB mexicano, frente a 0.14% originalmente estimado. Se generaron 101,255 empleos temporales, aproximadamente 10% menos de los proyectados. La distribución geográfica también fue desigual. La Ciudad de México capturó alrededor de 548 millones de dólares en consumo, pero quedó 35% por debajo de lo esperado; Jalisco recibió 290 millones, 25% menos, y Nuevo León 270 millones, 23% por debajo de la previsión. El resto del país capturó otros 640 millones relacionados con el consumo mundialista.

Por sectores, la gastronomía recibió aproximadamente 584 millones de dólares, aunque quedó 20% por debajo de lo proyectado; el comercio captó 433 millones, curiosamente, 10% arriba de la expectativa; el alojamiento recibió 328 millones, nada menos que 47% menos de lo esperado, y el transporte, 223 millones, 28% por debajo.

Ahí está probablemente la mejor fotografía del Mundial mexicano: hubo negocio, pero considerablemente menos del prometido.

Y México no estuvo solo. En EU, aproximadamente 80% de los operadores hoteleros reportaban antes del torneo reservaciones inferiores a sus pronósticos. En Nueva York, cerca de dos terceras partes de los hoteleros consideraron decepcionante el efecto mundialista. Esto nos lleva al problema económico de fondo. Los países y ciudades pagan infraestructura, seguridad, transporte y organización, mientras reciben relativamente pocos ingresos directos del torneo. Los grandes derechos comerciales permanecen fundamentalmente alrededor de la FIFA. La literatura económica lleva años advirtiendo que los megaeventos deportivos rara vez recuperan mediante actividad económica inmediata todo lo invertido por las ciudades anfitrionas.

¿Significa eso que organizar un Mundial no vale la pena? Tampoco. Existe un rendimiento mucho más difícil de contabilizar: promoción internacional, orgullo colectivo, infraestructura, participación deportiva, cohesión social y la capacidad de proyectar una ciudad durante varias semanas ante cientos de millones de personas. El problema es que esos beneficios desaparecen rápidamente si las ciudades no convierten la fiesta en una estrategia de largo plazo. México sí ganó con el Mundial. Ganaron restaurantes, comercios, trabajadores, aeropuertos y algunas ciudades. Pero 2,543 mdd en derrama no son lo mismo que transformar estructuralmente una economía de casi dos billones. Quizá ésa sea la verdadera lección del Mundial 2026: los países ponen los estadios, la infraestructura y la fiesta; los aficionados, la pasión. Pero el negocio global sigue teniendo un campeón indiscutible. En el futbol, como en las finanzas, no basta conocer el marcador: hay que saber quién se quedó con la taquilla. Platiquemos en @MrMejiaCosenza.

P’AL GORDITO

En Guadalajara hay que ir a Il’Diavolo (Il Diavolo · Pizzeria italiana | Grupo Pasta) y pedir los Camarones Infierno, los Tortellini Arrabiata acompañados con una buena botella de Parvada Cardenal y cerrar con un Pay de Guayaba.