La chispa de la vida
Pocos estrenos en la cartelera cinematográfica de este fin de semana a causa de la llegada de la aplanadora llamada 007 Operación Skyfall y que se apodera de las pantallas nacionales en forma masiva. Entre lo que no es James Bond se abre paso una película del español ...
Pocos estrenos en la cartelera cinematográfica de este fin de semana a causa de la llegada de la aplanadora llamada 007 Operación Skyfall y que se apodera de las pantallas nacionales en forma masiva.
Entre lo que no es James Bond se abre paso una película del español Álex de la Iglesia que tiene una filmografía muy irregular entre la que destaca Crimen ferpecto, Perdita Durango, 800 balas y El día de la bestia. Me quedo de todas con la primera, Crimen ferpecto que ejemplifica muy bien su muy peculiar estilo para contar historias combinando en forma balanceada el thriller, el drama y la comedia negra que a veces raya en lo grotesco que son lujos que él se puede dar. Otra muestra provocadora de estas características de su cinematografía es Balada triste de trompeta que barrió con las nominaciones al Goya en el 2010 llevándose sólo dos de estos premios de la Academia Española de Cine.
De la Iglesia es el prototipo del director al que la gente ama y lo considera un cineasta de culto, o definitivamente lo odia y se sale de las salas sin terminar de ver sus películas. Es diferente, transgresor, provocador, irreverente y tiene una habilidad única para deslizar un personal sentido del humor con uno que otro chiste en momentos en que no vienen al caso pero que a él le funcionan a la perfección.
Hoy se estrena su más reciente cinta, La chispa de la vida filmada en 2011, en la que opta por alejarse un poco de la línea narrativa que lo ha caracterizado haciendo una película casi convencional pero bien contada.
Me pregunto si esta película llegaría a México con buena distribución si en uno de los protagónicos no estuviera Salma Hayek; se antoja un producto muy local, incluso por el perfil de los actores entre cuyos secundarios destacan Juan Luis Galiardo y Blanca Portillo. No se deje usted confundir, el cartel promocional en el que la actriz mini-curvilínea aparece muy sonriente enfundada en un traje sastre que no tiene absolutamente nada qué ver con la película y no es más que un vulgar gancho para atraer espectadores.
Con un guión de Randy Feldman, que en lo menos desconocido de su obra tiene el argumento de Tango y Cash, La chispa de la vida sigue la historia de Roberto, un publicista cuarentón, sumido en la grave crisis que azota España desde hace unos años y que no encuentra trabajo por ningún lado. Roberto está felizmente casado con Luisa, Salma Hayek, mucho mejor que en otras películas que me habían llevado a pensar que es mejor empresaria y productora que actriz.
El actor cómico —muy local— José Mota, es una buena selección para dar vida a Roberto pues es convincente con su aspecto bonachón y medio gris. Roberto ideó en su juventud la famosa campaña “Coca Cola. La chispa de la vida” pero no ha vuelto a despuntar con otra idea genial. La historia se inicia cuando sale a buscar trabajo por enésima vez y por enésima vez es rechazado. Es en esta circunstancia de su personaje que De la Iglesia desliza una crítica a la crisis española, el desempleo y la insensibilidad y avaricia de empresarios y patrones que no se solidarizan con el destino de los desempleados.
Decepcionado Roberto decide ir a reservar una habitación en el hotel en el que Luisa y él pasaron su luna de miel para llevarla en su aniversario, pero se encuentra con que ya no existe y en su lugar han construido un enorme museo pues en las excavaciones descubrieron un teatro romano. Roberto sufre ahí un incidente que cambia violentamente sus planes.
De la Iglesia también trata de deslizar una crítica a los medios y su desmedido y sanguinario interés por la noticia y la competencia por las audiencias. Aquí se percibe una clara influencia de la película Ace in the hole que en español se conoció como El gran carnaval, dirigida por Billy Wilder en 1951 y en la que Kirk Douglas interpreta a un periodista venido a menos que convierte en un fenómeno mediático un accidente que provoca que un minero quede atrapado en una mina.
Todo lo que rodea a Roberto tras su accidente se convierte en un cuadro surrealista y del absurdo muy a la Álex De la Iglesia y el personaje de Salma Hayek es el que pone el equilibrio en la balanza de una película entretenida pero que dista de ser de lo mejor del realizador español.
