En mayo pasado, Arianna Huffington fue una de las invitadas estelares en la serie de conferencias Startup 2012, celebrada en Nueva York. Un par de meses antes se había cumplido el primer año del acuerdo que permitió a AOL adquirir The Huffington Post por 315 millones de dólares y, en su discurso, la notable periodista de origen griego pareció justificar su presencia en un espacio pensado más bien para emprendedores alternativos al mainstream de los negocios.
Palabras más, palabras menos, Huffington aseguró que la multimillonaria operación permitió el crecimiento del famoso sitio de noticias que lleva su nombre, y que en los meses recientes ha fortalecido su posición: el 16 de abril ganó su primer premio Pulitzer, convirtiéndose en el primer diario online de información general en lograrlo. El 7 de junio nació su edición en español, gracias a una alianza con Grupo Prisa —editora del periódico El País— semejante a la que integró con Le Monde para la versión francesa. Y siete días después lanzó Huffington una revista semanal diseñada especialmente para el iPad, siguiendo los formatos y cánones de una publicación periódica impresa, con textos exclusivos que no están disponibles en la página web habitual. Lo novedoso de este último producto es que apuesta por un modelo de pago que poco a poco comienza a convertirse en tendencia en los medios estadunidenses. Cada número individual de Huffington cuesta 0.99 centavos de dólar, una suscripción mensual vale 1.99 dólares y la anual 19.99.
Emulando a otras publicaciones que nacieron en papel, está disponible en el Newsstand (Quiosco) de la App Store y el cobro se realiza mediante la cuenta de iTunes, tal como concibió Steve Jobs sin que éste alcanzara a vivir para ver cómo evolucionaba su idea de evitar que el periodismo de alta calidad sucumbiera a la gratuidad de contenidos en la red.
Un distintivo de esta tendencia es que el precio de las revistas en versión iPad es notablemente más económico que su equivalente impreso. Como ejemplos están The New Yorker y Wired, de la editorial Condé Nast, que añaden al contenido que ofrecen en su versión impresa videos, audios y enlaces que complementan la experiencia de lectura.
Es difícil anticipar el éxito de este modelo. Antes de Huffington, el único formato de revista digital sin equivalente de papel e ideado exclusivamente para tablets era The Daily, producto de la impensable asociación entre Jobs y el dueño de News Corp, Rupert Murdoch.
Un amplio reportaje publicado por The New York Times en febrero pasado, a propósito del primer aniversario de The Daily, hacía un recuento de las dificultades que ha significado este proyecto. Con apenas 100 mil suscriptores (casi el mismo número de seguidores de su cuenta de Twitter), a The Daily le ha costado trabajo abrirse como una opción de revista estática (publica un número nuevo cada día, con excepcionales breaking news) en medio de un entorno digital acostumbrado a la actualización constante de contenidos. Explota de manera extraordinaria los recursos del iPad, con fotos y videos flotantes, así como gráficos animados de gran resolución, pero que vuelven lenta la navegación. Y aunque ha publicado buenos reportajes propios, el ser un producto pensado para ser comprado exclusivamente en la tablet le resta capacidad de influencia en una selva aún dominada por los medios tradicionales, y ciertamente necesitaría una primicia del tamaño del caso Lewinsky, que en su momento impulsó al sitio Drudge Report. El NYT resume así la paradoja: The Daily tiene el espíritu innovador de una startup, aunque bien arropada por los recursos del emporio Murdoch. Y tiene un lustro para demostrar su viabilidad financiera.
El otro punto en común entre The Daily y Huffington es su vocación por un periodismo tradicional de información general, que también parece sucumbir frente a una nueva tendencia: la del periodismo de nicho, del que es representante otro tipo peculiar de startup, aunque quizá no se le considere como tal. Se trata del influyente sitio Politico, al que la revista Huffington dedica en su segundo número un amplio reportaje que trata de desentrañar el porqué de su creciente influencia en la Casa Blanca y el Capitolio. Pero ésa, como diría un clásico de la literatura, es otra historia.
