Buscando pulpos en La Marquesa
Sin duda el título de una película es un factor importante para su comercialización. Eso piensan los encargados de las traducciones al español de las cintas que se traen a nuestro país. A veces no representan ninguna complicación como en el caso de The GodfatherEl ...
Sin duda el título de una película es un factor importante para su comercialización. Eso piensan los encargados de las traducciones al español de las cintas que se traen a nuestro país. A veces no representan ninguna complicación como en el caso de The Godfather-El padrino o Mary Poppins; otros solitos se meten en camisa de 11 varas: Rainman-Cuando los hermanos se encuentran, Carnage-¿Sabes quién viene?; otras más desaprovechan las bondades de un título original: Shame que significa “vergüenza” y a la que le ponen Shame: deseos culpables. La constante es que nos subestiman como espectadores, nos atribuyen una inteligencia pobre por lo que hay que explicarnos en el título un poco de lo que vamos a ver en la película y que en nuestras limitaciones recibamos un adelanto de la trama y nos interese ir a verla.
Tal es el caso de la que nos ocupa hoy: The Salmon Fishing in the Yemen-La pesca del salmón en Yemen (Reino Unido-2011) que les ha de haber sobrecalentado el cerebro a los que tenían que titularla en español, ya me los imagino: ¿qué hacemos con ese título? ¿quién va a querer ver una película que se llama así? Solución: un título simplón, comercial, gastado, que adelanta parte de la trama y que le da una verdadera puñalada a la película: Amor imposible. Finalmente así se llama el filme del que vamos a hablar hoy, ni modo, qué manera de desperdiciar un título tan atractivo.
Dirigida por el sueco ya muy aposentado en el cine hollywoodense Lasse Hällstrom se trata de la adaptación a la pantalla de la novela homónima La pesca del salmón en Yemen, del escritor británico Paul Torday. Ya antes Hällstrom ha llevado novelas a la pantalla como Las reglas de la casa-The Cider House Rules (1999), Chocolat (2000) y Atando cabos-The Shipping News (2001).
Muy en la línea del cine de Hällstrom, la película tiene una narración lineal sin sofisticaciones y cuenta la historia de Alfred (Ewan Mc Gregor), un funcionario del ministerio de Pesca y Agricultura británico que recibe una solicitud por parte de una consejera y consultora financiera, Harriet (Emily Blunt) para que la asesore en un estudio financiado por un jeque de Yemen que quiere introducir la pesca del salmón con mosca en ese país. Aunque se trata de dos espléndidos actores, la química entre ambos no fluye, es algo que se da o no se da y entre McGregor y Blunt no nos creemos que pueda pasar nada.
Este proyecto a todas luces descabellado se convierte en herramienta para mejorar la imagen del gobierno británico demasiado sumergido en noticias trágicas y negativas en cuanto a su situación en Medio Oriente. Para ello la encargada de prensa del primer ministro, quien es una mujer calculadora, fría, sarcástica y que usa todo lo que le pueda reportar un beneficio, convierte el sueño de la pesca del salmón en Yemen en un fenómeno mediático. La funcionaria es igual de déspota en su trabajo que con su familia y Kristin Scott Thomas le da vida en una interpretación de verdad divertida, de lo mejor de la película.
La película se estructura con varias historias bien entretejidas: la de Alfred, el experto en pesca encasillado en una vida de burócrata mediocre y acomodaticia que sobrelleva de la misma manera su aburrido y oxidado matrimonio y que se resiste a creer en la descabellada propuesta de Harriet. Ella es la contraparte, inicia una relación con un soldado que es llamado al frente en Afganistán, y contempla con singular optimismo el sueño multimillonario de su cliente yemení considerando que nada, pero nada, es imposible.
La esposa de Alfred que está a la espera de una reacción de su marido, la funcionaria cuyas apariciones son lo que levanta la película, el jeque amable, paciente y casi etéreo.
Siendo mucho más ágil y amena la primera parte y una vez que se han sorteado los obstáculos para echar a andar el proyecto, uno se pregunta qué me está dejando esta película. Parece que Lasse Hällstrom ahora sí no alcanza a conectarse con los espectadores ni hacer que ese sueño que podría abrir hasta un debate filosófico, científico y derrumbar las fronteras entre lo que es y lo que ¿por qué no? también podría ser, pierde impacto y no nos alcanza a comprometer ni conmover.
Al final Amor imposible-La pesca del salmón en Yemen queda en una comedia romántica muy ortodoxa que se despinta por su falta de ritmo y su corte tan políticamente correcto.
7/10.
