Comités hospitalarios de bioética en la medicina privada

Es fundamental entender que el papel de los comités de ninguna manera es dictaminar sobre la vida o la muerte.

Respecto de las afirmaciones de la semana pasada, pienso necesaria una inversión mucho mayor en ciencia para desarrollar nuestros fármacos.

El día de hoy pongo a su consideración la reciente modificación de la Ley General de Salud, en su artículo 41 bis, que obliga a los establecimientos de atención médica públicos y privados a instalar un Comité Hospitalario de Bioética destinado a la resolución de problemas bioéticos derivados de la atención médica, así como “para el análisis, discusión y apoyo en la toma de decisiones con respecto a los problemas bioéticos que se presenten en la práctica clínica...” Como frecuentemente ocurre con las leyes, dejan al ciudadano sin los elementos suficientes para entender y articular las conductas derivadas del ordenamiento legal. En la práctica clínica surgen con frecuencia situaciones que contienen dilemas éticos de difícil solución y son estos comités los que pueden apoyar al clínico o al paciente brindándole orientación. Es fundamental entender que el papel de los comités de ninguna manera es dictaminar sobre la vida o la muerte de las personas, se convertirían en peligrosos tribunales; por ejemplo, hablando de eutanasia, sino brindarle al enfermo y a la familia o al clínico elementos útiles. Por supuesto la Comisión Nacional de Bioética ya está trabajando en un documento de disposiciones generales para la integración y funcionamiento de los comités, pero de cualquier manera, anticipo, habrá dificultades. Aprecio dos tendencias, la primera en el ámbito público, donde el menosprecio sistemático del paciente y su familia son derivados de una percepción del médico como autoridad casi absoluta sobre el acto clínico-quirúrgico, centrándose exclusivamente en la ponderación biológica de la enfermedad, y sin concederle valor al principio de autonomía; y la segunda en el ámbito privado, en el que el médico se va a sentir profundamente invadido en su fuero interno al aparecer un comité “interfiriendo” en la relación médico-paciente. Como todo escenario de crisis contiene también oportunidades, como la de incorporar valores en favor de la calidad de la atención médica; entendiendo que los dictámenes del comité aportan sugerencias, puntos de vista en extenso y consejos, pero de ninguna manera son vinculantes.

Como ocurre en muchas actividades humanas, hay alguien con un diseño previo parecido y con objetivos similares, y me atrevo a citar como ejemplo uno formado hace un par de años, cuando me encargaron la conformación de un grupo de trabajo cuyos objetivos y finalidades son evaluar desde el punto de vista ético y de calidad las actividades de un grupo médico contratado para brindarle servicio a una institución financiera. Es de señalarse que las actividades asistenciales del grupo citado se llevan a cabo en el ámbito privado de la medicina, por cierto, poco tocado por las evaluaciones gubernamentales de calidad. La experiencia ha resultado francamente enriquecedora, interesante y con resultados extraordinarios en términos tanto de calidad como de favorecer la ética del profesional de la salud. Cito como ejemplo la disminución muy importante de cirugías sin una indicación clara. Es posible hacerlo, sólo es necesario tener la voluntad y transpolar las experiencias adquiridas por éste o por otros grupos similares.

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