El poder, el presente, el teatro
¿A qué están dispuestos un secretario de estado, un senador, un gobernador, un encumbrado líder ciudadano para conquistar la Presidencia de la República? ¿Qué es capaz de hacer el empleado de una empresa para desplazar a sus jefes y conseguir la mayoría de las ...
¿A qué están dispuestos un secretario de estado, un senador, un gobernador, un encumbrado líder ciudadano para conquistar la Presidencia de la República? ¿Qué es capaz de hacer el empleado de una empresa para desplazar a sus jefes y conseguir la mayoría de las acciones, apoderarse del negocio? ¿Cuántos hombres, mujeres, cuantós niños y niñas son asesinados día con día en este país en batallas por el poder y el dinero? La historia ha demostrado que la humanidad es capaz de atrocidades a cambio de un imperio, un diamante, un plato de lentejas. El temple, la constitución ética de las personas, sus límites se conocen sólo cuando son tocados por el poder. Macbeth, de Shakespeare, con su estructura ceñida a una línea argumental que avanza como flecha del planteamiento, al nudo, al desenlace, sin subtramas, resulta hoy una tragedia por demás pertinente para pensar la condición humana y el poder desde el teatro.
En Macbeth, el poder es una corona, una investidura, un conjunto de abstracciones, que perseguidas como un fin y no un medio, provocan una imparable destrucción. El poder ha sido analizado, pensado, motivo de perplejidades e incontables tratados. Cada nueva generación, sin embargo, repite atávicos errores, se precipita ciega al misterioso universo del poder, y una y otra vez la rueda de muerte y locura cumple su ciclo.
En estos tiempos sangrientos, aún más enrarecidos por el carnaval electoral, viene muy bien una dosis de Macbeth. En el centro Cultural del Bosque, un espacio que se ha usado para conferencias, mesas redondas, exposiciones, ahora sirve de teatro y se puede ver ahí una memorable versión de la tragedia de la pareja sangrienta.
Esta puesta en escena adaptada y dirigida por Alberto Lomnitz y Ricardo Esquerra, logra convertir el drama de casi una treintena de personajes, en un espectáculo unipersonal.
Esquerra se las ingenia para asumir el papel de Macbeth, Duncan, Lady Macbeth, los guardias, la mujer y los niños asesinados de Macduff y a la vez las manos que los aniquilan: él los hace presentes a todos y, en esa hazaña excepcional, cuenta la historia.
La obra se ubica en la era tecnológica, lo que permite que algunos diálogos pasen a través del universo virtual. Las brujas aquí profetizan desde la red. Las soluciones de este equipo de trabajo suman a la lucidez de esta tragedia una bienvenida dosis de humor, de ironía.
La escenografía, en diseño de Bernardo Trujillo, consiste en tres pantallas que arman los muros de un pasillo y su fondo, donde se proyectan videos, por los que da crédito en diseño a Baruc Morales y dirección a Cristina Esquerra. El sistema de videos no ilustra, interactúa, dialoga, como la música original de Mariano Cossa. Con cambios mínimos de vestuario, por el que se da crédito a Rodrigo Sosa Bernal/El Pavo Producciones, Esquerra pasa de uno a otro personaje. Acierta al no impostar la voz o amanerar los gestos para convencernos de que es Lady Macbeth. Se coloca en una y otra identidad con intuición fuera de lo cumún, con asombrosa naturalidad. Es frecuente que los actores en México, aún los que pasan por muy buenos, vayan acumulando tonos artificiales en la voz, prolieferen en ellos gestos anquilosados. Admiré en Esquerra la ausencia de estos vicios. Es un actor dotado de una constitutiva espontaneidad, talento para personificar la ficción, para saltar de uno a otro registro expresivo, llenar de magia el escenario sin aparente esfuerzo. Memorable es la escena (sustitución del banquete en que Macbeth es asediado por los fantasmas) en la que el cocinero del rey muestra a supuestas cámaras de televisión su receta del platillo nacional de Escocia, el haggis, preparado con las vísceras de frescos cadáveres, como también inolvidable es el asesinato de la familia de Macduff, en la que se representa a la mujer y su descendencia con dos huevos pintados, en diseño y realización de títeres de Haydeé Boetto y José Agüero.
Macbeth, en su versión unipersonal, interdisciplinaria, de la que se dan funciones sábados (19:00 hrs.) y domingos (18:00 hrs.) con localidades agotadas en la Sala CCB, del Centro Cultural del Bosque, corre temporada hasta el 31 de marzo. Ojalá este disfrutable trabajo tenga una larga vida sobre los escenarios.
