Gadhafistas vs. opositores
Con la concreción de la captura de Gadhafi, se deberán resolver muchas cosas, las mismas que tienen hoy pendientes Egipto e Irak

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
De nuevo, testigos de la caída de otro dictador. Aun con paradero desconocido, la era de Muammar Gadhafi pende de un hilo, por demás, delgado. Iniciamos la semana con el acorralamiento de sus dos hijos, con movilizaciones aún más grandes y eufóricas de rebeldes libios que en las plazas celebraban que ya casi tenían el poder del país en sus manos, ya con Trípoli, la capital libia, cercando a los leales al régimen.
Y, claro, con la concreción de la captura de Gadhafi, se deberán resolver muchas cosas, las mismas que tienen hoy pendientes Egipto e Irak. La caída de los dictadores, esos represores de la libertad, no es garantía para la entrada a regímenes más justos y democráticos. Pero es evidente que esa no es la idea que hoy tienen en la cabeza los rebeldes que ya casi logran derrocar por completo al régimen; en todo caso, eso es tema de la OTAN y demás países, como Francia, Italia y Gran Bretaña, con los ojos —y una que otra fuerza— puestos sobre Libia. Hoy, lo que ocupa es la búsqueda de Muammar; su cabeza ya tiene precio: 1.7 millones de dólares, y los tiempos se vuelven más tensos.
Y es que el aún dictador, prófugo, que, todavía no derrocado, envió un mensaje hace un par de días en el que retaba a los rebeldes al asegurar que aún se encontraba en Trípoli. Ayer hizo lo mismo en otro mensaje que difundieron los medios de comunicación que no han quebrantado la lealtad a Gadhafi y donde hacía un llamado a todos sus seguidores para acabar, para matar a los opositores. “Una limpia calle por calle”, dijo. Incluso dio instrucción a mujeres y niños de sumarse a la lucha, con el argumento, siempre propio de un dictador, de impedir que “el imperio” se apodere de las tierras que su régimen protege, pasando por alto infinidad de garantías de quienes integran aquel, su pueblo, el mismo que hoy lo quiere encontrar.
En los últimos días, al menos 15 personas identificadas presuntamente como rebeldes, fueron asesinadas por leales a Gadhafi; los opositores al régimen respondieron planeando el ataque a Sirte, la ciudad de donde es originario y la que, creen, se convirtió en su refugio tras su salida de Trípoli, hace un par de días.
Gadhafi, con todo y la evidente fuerza que tiene el movimiento opositor, ha mostrado, si no una fuerza similar con la que —muy debilitado, sigue dando batalla— se encuentran sus filas, fiel a ese mensaje dado hace unos meses, cuando aseguraba que no se rendiría y que acabaría con todos sus enemigos, traidores a su causa. Y no, no mentía, al menos con respecto a su no rendición. Y ahí sigue, con un coraje inmenso que podría causar quién sabe qué consecuencias, pero aferrado hasta el último minuto a su poder, cada día más desvanecido…
Addendum. Ayer, el presidente Felipe Calderón se nos adelantó en un anuncio que, en realidad, no nos toma tan de sorpresa, pero que sí hace oficial lo que se estará difundiendo en los próximos días: Josefina Vázquez Mota ya no se verá como la lideresa de los panistas en San Lázaro, estará enfocada en la campaña… de la precampaña, para convertirse en la candidata panista a la Presidencia de la República. Así, mientras Santiago Creel dice no ser el “candidato incómodo”, y mientras Ernesto Cordero juega a la ambigüedad sobre si recibe o no cariños por sus aspiraciones a Los Pinos, Josefina recibió la gratitud y hasta la buena suerte del Presidente… y en un evento oficial.