Tiempo de legislar

La responsabilidadlegislativa está por encima de factores electorales

Albricias. El próximo jueves concluye el receso de 123 días del pleno legislativo iniciado el pasado 30 de abril. Diputados y senadores sesionan 195 días del año —sin descontar  sábados y domingos— a los cuales se agregarían los infrecuentes periodos extraordinarios.

Nuevamente no habrá Informe Presidencial, al menos no lo habrá ante el Congreso de la Unión, evidencia de intolerancia entre poderes y de desconsideración hacia millones de mexicanos para quienes el día del Informe, con toda la parafernalia que lo caracterizaba, significaba un ceremonial acto al que el Presidente acudía a rendir cuentas del estado que guardaba la nación. El 1 de septiembre tenía un hondo significado en la cultura popular, una apreciada oportunidad para conocer más a fondo a la persona que portaba la banda presidencial. La elitista reunión del día siguiente en Palacio Nacional no es más que un fallido simulacro de lo que fueron los informes presidenciales.

El periodo de sesiones que se iniciará el próximo 1 de septiembre habrá de ser decisivo en cuanto a la aprobación de una serie de rezagadas reformas. Imposible prolongar la inmovilidad legislativa, la viabilidad de México está en riesgo, suena drástico, pero es cierto.

Una de las postergadas reformas, que sólo espera la aprobación de los diputados, es la reforma política, cuyo radical contenido marcará un punto de inflexión en nuestra vida democrática. Entre los puntos a implementar destacan la inclusión de la consulta popular, el referéndum, las iniciativas ciudadanas, las candidaturas independientes y la reelección continua de legisladores y presidentes municipales.

La Ley de  Seguridad Nacional pretende regular las facultades del Ejecutivo para disponer de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad pública y el marco jurídico adecuado para la actualización de los mismos. Seguramente en dicha Ley serán incorporadas algunas de las propuestas presentadas recientemente por la UNAM.

Imposible jerarquizar sobre las reformas urgentes, pero sin duda que la laboral es prioritaria. La actual ley federal de la materia data de 1970, desde entonces, cuántas transformaciones han afectado las relaciones empresa-trabajador. La indecisión legislativa para aprobar dicha reforma, hasta cierto punto es comprensible, ya que va de por medio la sensible relación entre las fuerzas de la producción. En consecuencia, la mayoritaria bancada del PRI se ha pronunciado reiteradamente por realizar dicha reforma, pero sin prisas, ya que de caer en la precipitación se conculcarían garantías individuales y/o derechos y conquistas históricas de los trabajadores. La reforma laboral apremia, las relaciones obrero-patronales deben ajustarse a las circunstancias actuales, deben incorporarse cláusulas de inclusión y diversidad, el sindicalismo omnipotente debe desaparecer, al igual que los eternos liderazgos y ni qué decir de transparentar las finanzas sindicales.

Por el peso específico del voto del PRI, consideremos algunos acuerdos asumidos, previamente al próximo inicio de sesiones del Congreso. El PRI pugnará por que no se utilice en el Presupuesto 2012 dinero de obras sociales para campañas, al igual que evitar subejercicios. Asimismo se hizo patente la voluntad de crear un fondo de asistencia para víctimas del delito. Vale la pena mencionar también la intención de calificar como grave el robo, la sustracción y el suministro ilícito de hidrocarburos.

La responsabilidad legislativa está por encima de factores electorales, postergar la aprobación de las reformas estructurales pendientes, más que estrategia es cobardía. Señores diputados y señores senadores, éste es su tiempo, utilícenlo. No actuar para ser votados podría traducirse en no actuar para ser botados.

        *Analista

            jrubi80@hotmail.com

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