Filomena: la que no puede llorar
Vale la pena ver esta obra, que nos recuerda a Sophia Loren y Marcello Mastroianni
Entre ciertas audiencias, el cine tiene un poder de penetración y convencimiento muy singular. Si determinada historia, novela u obra, en su adaptación cinematográfica, se plantea de determinada forma, el púbico promedio da por hecho que así es y punto. Esto lo he constatado en ocasiones, como al salir de ver El código Da Vinci, en que un señor contestó su celular diciendo: “pues aquí saliendo de una lección de historia” ¿?...
En 1964, una de las grandes parejas del cine internacional, Sophia Loren y Marcello Mastroianni, protagonizó, entre la larga lista de películas entrañables en las que colaboraron, Matrimonio a la italiana, dirigidos por Vittorio de Sica. El argumento está basado en la obra Filomena Marturano, de Eduardo De Filippo, que en 1950 escribió uno de los clásicos de la escena teatral italiana y del mundo. Europa salía con dificultades de los estragos sociales, anímicos y económicos de la Segunda Guerra Mundial, y la pobreza era una constante en muchos niveles, por lo que la historia de Filomena, contada como una inteligente comedia con algunos tintes dramáticos, encuentra mucho eco en los espectadores. Su historia se desarrolla en la conservadora sociedad italiana, que, como muchas latinas, marginaba cruelmente a las jóvenes como Filomena, las que la vida orillaba a ganarse la vida como prostitutas, siendo etiquetadas con la chocante palabra “perdidas” y punto.
Ha sido llevada a la escena en muchos países y, “Filomenas” conocidas, han sido también: Amparo Rivelles, Katy Jurado y Concha Velasco, en España. Para la idiosincrasia latina sigue siendo un relato actual, sensible, divertido y que invita a la reflexión, ya que es la historia de una mujer atrapada en el mundo del poder machista y la marginación social, pero que es muy entrona y decidida para luchar como pantera por sus derechos, su dignidad, la maternidad y el respeto por sí misma.
Con la adaptación y dirección del argentino Manuel González Gil, y la producción de la experimentada Tina Galindo, además del debut como productor teatral de un entusiasta joven, Sergio Gabriel, se escenifica en el Teatro de los Insurgentes Filomena Marturano, que trasciende con creces esa memoria colectiva grabada en el cerebro de quienes disfrutamos a la Loren y a Mastroianni. Hay que evitar las comparaciones.
Me resulta muy atractiva la idea de que un productor de 29 años haya soñado con realizar Filomena Marturano, una obra que, como él mismo dice, “es familiar, no ofende a nadie, divierte y mueve a reflexionar”. Son este tipo de espectáculos los que hacen falta en el ánimo de los aficionados al buen teatro de nuestro apaleado México.
La pareja protagónica está integrada por Juan Ferrara, quien es Domingo, al que sabe dotar de una especial simpatía, como el hombre que ha hecho sufrir a Filomena durante años, y Rebecca Jones, quien está en ese momento de florecimiento a la madurez que, aunado con su talento como actriz, la hacen una Filomena sencillamente encantadora y llena de sensualidad.
Con un montaje conservador, que se ubica en la sala de la casa de Filomena, la historia se inicia cuando ella, en su lecho de muerte, va a casarse por fin con Domingo, su intermitente, egoísta y cínico amante, al que conoció en un prostíbulo, siendo una adolescente, y que le “puso casa”, visitándola esporádicamente y manteniéndola al margen de su vida. Una vez concluido el matrimonio, la “agonizante” Filomena se levanta más fresca que una lechuga y dice que tiene hambre. Ha logrado burlar a Domingo que, indignado, tratará por todos los medios de anular la unión.
Filomena es un personaje riquísimo, lleno de matices; una víctima con la suficiente astucia para dar un giro a la rueda de la fortuna de una vida que, a fuerza de sufrir, ya no le permite llorar. Con lo que Domingo no cuenta es con que Filomena es una guerrera inteligente que le reserva algunos secretos por los que “algún día él será quien le pida limosna a ella”.
Otros dos veteranos, Cecilia Romo y Ricardo de Pascual, enriquecen el reparto con dos personajes muy divertidos, incondicionales de Filomena y Domingo y respectivamente.
Esta es de esas obras en las que uno dice “qué bueno que vine”.
No se la pierda.
