El desconcierto y la confianza
- Son condiciones intercambiables, siempre aprovechables.
- Son inexplicables e impredecibles.
La confianza es una extraña materia prima que sirve de combustible para muchas actividades humanas, entre otras la operación en los mercados financieros. En este ámbito además, tiene la rara peculiaridad de aparecer y desaparecer, al menos de manera temporal, de manera impredecible e inexplicable. Las más de las veces con efectos devastadores en uno u otro sentido. Es decir, uno puede ver cómo se desbarata el rendimiento que se acumuló durante meses en unos cuantos días, o en un vuelco inesperado ver cómo aparecen los “números negros” en las cuentas que cada quien lleve supliendo rápidamente a aquellos que casi ya se habían acostumbrado a ser “números rojos”.
Algo como lo descrito, más allá del tema del tiempo que esto suponga es lo que hemos visto en las últimas semanas en los mercados, incluyendo por supuesto al nuestro y a la operación de ayer. Es más, hasta se puede explicar en términos técnicos y decir que la caída de las últimas semanas es algo “normal”, considerando una trayectoria de largo plazo. Y puede que sea cierto. Me refiero concretamente a que si, en términos del IPC, tuvimos un alza casi continuo desde principios de marzo de 2009 hasta principios de enero de 2011 que para fines prácticos multiplicó por 2.3 veces el nivel del indicador, pues la baja de enero al lunes de la semana pasada, pues representa un tercio del alza, de tal suerte que si usted participó desde el principio de ésta, el rendimiento en dos años y cinco meses pasó de ser 131% a “únicamente” 88%. Y si la cuenta la cierra con los precios de ayer, mejoró en algo. El rendimiento en el plazo mencionado fue de 102%, es decir, en una semana aumentó 14 puntos porcentuales. En cualquiera de los casos, no está mal. ¿O sí?
Pero lo que las cifras anteriores hacen evidente es el desconcierto que existe en los mercados y que no abona al ingrediente que señalé como importante combustible para el humano –y más para el humano financiero: la confianza—. Sé que haber entrado al mercado en marzo de 2009 y haberse salido en enero de 2011 es un ejemplo hipotético, no digo que sea imposible, pero digamos que la probabilidad es baja (si usted lo hizo, amigo lector, ¡Mil felicitaciones!, y más).
La mayor parte de nosotros participó (si lo hicimos) en alguna o algunas partes del tramo mencionado, con diferentes duraciones y en consecuencia con diferentes resultados y si fue así, pues probablemente en el resultado neto las cosas hayan salido razonablemente bien, aunque desde luego está el caso del que inició su participación en enero de 2011 y no aprovechó ninguno de los vaivenes que se dieron desde entonces hasta ahora. Y si es el caso sé que cualquier cosa que yo escriba o diga, no tiene ningún sentido. Se siente horrible ver grandes montos de pérdida, sentirse atrapado allá en las profundidades de la baja y ver que aun con el alza de los días recientes, la situación no cambia mucho. Ni hablar, así pasa y comparto lo que siente, pues no soy nuevo en este oficio y me ha tocado de todo.
Como la confianza es impredecible en cuanto a su surgimiento y desaparición y depende de hechos que en su mayor parte no los determinamos nosotros los humanos normales, pues quizá una buena opción en vez de quedarse sentado y mirar los acontecimientos en medio de una ansiedad creciente y esperando que algo o alguien o acaso Merkatum (el protector de quienes operamos en los mercados) nos salven de la situación en que pensamos estamos, pues quizá sea mejor aprovechar el desconcierto reinante.
Puede parecer insensato, ya sé. Pero en tanto los que tienen que tomar decisiones que ayuden a recuperar la confianza lo hacen y nosotros (los mercados) les creemos, es un hecho que hay oportunidades. Los 14 puntos porcentuales que mencioné en párrafos anteriores son reales (como lo es el tercio que se perdió entre enero y agosto de este año, respecto de la utilidad potencial que se obtuvo entre marzo 2009 y enero 2011) y hay que operar en esas condiciones. Y sí es posible. Pero hay que hacerlo, incluso para recuperar la confianza, en la parte que nos corresponda. El movimiento se demuestra andando, solemos decir. Además, conozco un proverbio africano que dice: “Cuando pidas por mí, hazlo moviendo los pies”. Suerte.
