Valet parking, un dolor de cabeza

Desafortunadamente, en la Ciudad de México este sistema de acomodadores de automóviles ha sido distorsionado, causando molestias a los ciudadanos en general.

El servicio de los acomodadores de automóviles, mejor conocido como valet parking, es un servicio que podemos ver en muchas partes del mundo. Esta prestación la ofrecen diferentes tipos de establecimientos mercantiles en la Ciudad de México, preponderantemente como un servicio complementario de restaurantes. La esencia de dicha prestación es brindarle la atención al cliente para que no se le dificulte la búsqueda de un lugar cercano para estacionar su vehículo.

La ciudad donde tuvo mayor auge el uso de este servicio fue en Los Ángeles, a pesar de que su origen se da en la costa este de Estados Unidos, aunque lo único que hacía ese sistema de acomodadores era recibir el automóvil, estacionarlo en el interior del propio establecimiento mercantil y, cuando el cliente lo requiriera, lo acercaba y entregaba en la puerta. Al analizarlo, este servicio se observa muy cómodo y práctico.

Desafortunadamente, en la Ciudad de México, el sistema ha sido distorsionado, causando molestias a los ciudadanos en general, ya que los prestadores de este servicio, que debiera proporcionar confianza y comodidad a los usuarios, hoy en día nos causa zozobra, pues las empresas que prestan el servicio utilizan las calles como grandes estacionamientos públicos y además cobran por ello, es decir, usufructúan la vía pública. Se estacionan en las entradas de las casas cercanas e incluso suben los vehículos en la banqueta, provocando que los transeúntes tengan que caminar por el arroyo vehicular o, de plano, colocan los vehículos a su guardia y protección en doble o tercera fila, afectando sensiblemente el tránsito de la ciudad. Esto viola de forma, por demás, evidente y grotesca, la Ley de Establecimientos Mercantiles del Distrito Federal, el Reglamento de Estacionamientos Públicos del Distrito Federal y los Programas Delegacionales de Desarrollo Urbano.

Pero la zozobra con la que hoy en día sentimos al dejar nuestros automóviles en manos de los famosos valet parking es por la forma en la que conducen los mismos; no sabemos si nos los regresarán completos o con golpes y rayones, y si eso pasa, ni nos imaginamos el viacrucis al que nos vamos a enfrentar para que la empresa reconozca y responda por los daños. Ahora imagínense que misteriosamente se les pierdan las llaves de su automóvil.

Por eso esta prestación de servicio, que en esencia busca la comodidad del cliente, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los ciudadanos, porque las afectaciones colaterales, de una o de otra forma, nos afectan.

En nuestra ciudad, las autoridades encargadas de regular y vigilar a las empresas prestadoras de ese servicio no cuentan siquiera con una base de datos y, por tanto, un registro de las mismas y las zonas donde prestan sus servicios; mucho menos tienen conocimiento del lugar que destinan para estacionar los vehículos que ponen bajo su guarda y custodia. Por ello debemos hacer un llamado a las autoridades delegacionales y al Instituto de Verificación Administrativa para que verdaderamente cumplan con su mandato ciudadano e impongan el orden en esta cada vez más deteriorada selva de asfalto.

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