El país de los idiotas
Javier Sicilia tiene autoridad moral, pero no representación para plantear una legislación.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
¿Somos cortos de entendimiento? Tenemos un grave problema de violencia causado por grupos criminales y nos resistimos a hacer lo único que se puede hacer bajo esas condiciones y que ha funcionado en otros países como Colombia. Colombia es un gran ejemplo para México, porque ellos experimentaron todas las fases y tentaciones sociales de la guerra, incluyendo el buen rollito del presidente Andrés Pastrana. Al final, Álvaro Uribe tuvo la razón con su política.
El señor Javier Sicilia, con quien me solidarizo por la muerte de su hijo, tiene autoridad moral, pero no representación ni conocimiento para plantear una legislación o estrategia en Seguridad Pública. La Ley de Seguridad Pública, lejos de lo que debería de ser, es una legislación que ha costado mucho negociar porque hay que casar las peticiones del Ejército con las de la sociedad civil y otras cursilerías y monerías, como los derechos humanos de los criminales. La urgencia para la expedición de esa ley la tienen el Ejército y la Marina, quienes se están dando de tiros con los grupos criminales, para evitar, como ya han sugerido algunos, juicios políticos futuros.
El problema es que el señor Sicilia quiere la paz, y esa legislación daría forma legal a la guerra, por lo que es indeseable. Todavía no explica el señor Sicilia cómo pacificar a tipos como Los Zetas, Los Templarios y La Línea. Como es muy cómodo exigir sin plantear alternativas viables, seguiremos esperando a que alguien haga un planteamiento razonable. Hasta ahora, lo mejor que se ha planteado y que el señor Sicilia debería suscribir, es la propuesta de la UNAM, que tiene lógica y realismo de mediano y largo plazo. Pero en el corto plazo no hay más remedio que las balas.
Lo que indigna es la postura de las autoridades. Los legisladores se asustan frente a personajes como Sicilia , porque en las democracias, el buen rollo es un arma eficaz de presión. Ni el mismo senador Beltrones ha sido capaz de decirle al señor Sicilia que ya estuvo bueno y que le comunicarán las decisiones del Congreso en su momento y que dentro de ellas habrá temas que no gustarán. Esta semana, legisladores de todos los partidos salieron asustados a decirle al señor Sicilia que apenas estaban empezando la revisión de los artículos en lo particular, y que fue un trámite legislativo que no pretendía asustarlo. ¿Quién es el señor Sicilia para romper el diálogo con el Congreso? ¿No hay nadie con cojones para decirle que ya lo recibieron y que considerarán sus propuestas, aunque muchas no se incluirán? ¿No tiene más sentido escuchar a las Fuerzas Armadas del Estado?
Si eso pasa con los legisladores y los políticos electos, imagine usted, realista lector, lo que pasará en las campañas electorales. Imagine a AMLO con su nuevo e inconcebible rollo de amor y paz, besado por Sicilia en la televisión.
No hay decisiones ni procedimientos fáciles para afrontar situaciones como en la que estamos. Las guerras de hoy se ganan a balazos, como antes se ganaban a flechazos, espadazos y pedradas. ¿Es lo deseable? No, pero es lo que hay. Ya lo he escrito: Chamberlain, primer ministro de la Gran Bretaña, pensó que el buen rollito calmaría a Hitler y le ofreció parte de la entonces Checoslovaquia durante la crisis de los Sudetes para mantener la paz. ¿La mantuvo? No. ¿Qué ofrecería Sicilia a cambio de la paz? ¿Poesía y Tamaulipas?
Sólo en un país de idiotas los poetas dirigen las guerras y los historiadores determinan las políticas energéticas y la rentabilidad petrolera.
*Abogado y analista
@LlozanoO