Para cruzar el río

Todo indica que en materia de crimen y sobre todo el violento, el presidente Felipe Calderón dejará al país peor de como lo recibió. Difícil defender la estrategia predominante de la administración cuando las cuentas de víctimas se construyen con muchos dígitos.

Existe una preocupación profunda entre los mexicanos por la situación que vive el país.  Esa angustia compartida se agudiza porque en el fondo no acabamos de entender de qué está hecho el fenómeno de violencia que presenciamos y, más todavía, no se percibe que la estrategia gubernamental nos esté llevando a algún lado.

Cerca del fin de esta administración, los indicadores de crímenes violentos siguen con una tendencia ascendente. Todo indica que en materia de crimen y sobre todo el violento, el presidente Calderón dejará al país peor de como lo recibió. Difícil defender la estrategia predominante de la administración cuando las cuentas de víctimas se construyen con muchos dígitos. Más difícil todavía resultará argumentar el porqué no se activaron mecanismos alternativos, políticas diferentes para lidiar con un problema que a todas luces no estaba siendo controlado por las políticas del paradigma vigente.

Frente a este panorama, numerosas organizaciones de la sociedad civil han querido construir propuestas para nutrir el debate sobre el fenómeno de la inseguridad y violencia y dar solución a la problemática.

Se ha generado así un acervo interesantísimo de visiones, propuestas, directrices que nutren un concurrido debate acerca del fenómeno que nos ha tocado vivir. La más reciente entrega es la de la Universidad Nacional. No podía la máxima casa de estudios permanecer indiferente ante uno de los momentos más graves por los que haya atravesado la nación. El documento de la UNAM refleja la riqueza de visiones y talentos que en su seno alberga y ofrece elementos que sin duda serán un referente en el debate presente y futuro. A la iniciativa de la Universidad Nacional, le preceden muchos otros esfuerzos de organizaciones civiles, centros de pensamiento e instituciones académicas.

Con todo este trabajo podríamos decir que tenemos un arsenal de ideas y propuestas para lidiar con el problema. Y sin embargo, no logramos impactar la realidad. Tampoco la toma de decisiones o el cambio de enfoque en la estrategia gubernamental. Algo estamos haciendo mal.

Mi impresión es que hemos estado acumulando ideas, sobreponiendo una sobre otras y hemos acabado ahogándonos en ellas, a nosotros mismos y a la autoridad. Exigimos a la vez un mejor sistema de justicia, políticas preventivas para niños y adolescentes, incentivos para emplear a la juventud, acelerar los controles de confianza, depuración de ministerios públicos, mejorar la política pública para la cohesión social. La lista es tan larga que de sólo enumerarla surge una sensación de agobio y también de impotencia. El gobierno mexicano no tiene los recursos, ni humanos ni materiales, para procesar todo esto a la vez. La evidencia nos indica lo contrario: tenemos un aparato gubernamental bastante torpe, que responde lentamente y corrige con mucha mayor dificultad. Este aparato que diseña y ejecuta políticas tiene límites absolutos y debemos reconocerlos si queremos plantear cosas que sean factibles. De ninguna manera esto implica regatear sobre lo que ambicionamos para el país, pero sí introducir un sentido de realidad a lo que podemos lograr.

Para ordenar nuestros pensamientos y el debate, no sería mala idea comenzar por el mero principio. Entender cómo es que llegamos a la situación en la que estamos. No me parece que tengamos claro cuáles fueron los detonantes principales de la espiral de violencia en la que nos encontramos inmersos. Tenemos buenas hipótesis, necesitamos un poco más de certezas. Ciertamente el país no es un laboratorio en el que se pueda realizar un trabajo científico. Mucho menos podemos esperar a tener un veredicto definitivo e infalible para comenzar a actuar. Sí resulta imprescindible identificar los factores con más peso en la detonación de la problemática para poder atenderlos con más precisión. Si no lo hacemos así, seguiremos disparando para todos lados sin nunca darle al blanco.

Tenemos también que aprender a establecer prioridades y domesticar nuestra propensión a pensar en lo grande y complicado. Tenemos la creencia de que a problemas mayúsculos corresponden soluciones de la misma magnitud. Estoy cierta, sin embargo, que puede haber medidas poco aparatosas que impliquen cambios revolucionarios. Ese es el tipo de medicina que tenemos que detectar para nuestro mal. Hemos optado, sin embargo, por lo contrario: reformas de gran envergadura y de compleja instrumentación, medidas que requieren transitar por el legislativo por lo que quedan congeladas. También hemos abandonado todo sentido de priorización. Le entramos a todo al mismo tiempo y mal, sin siquiera entender el animal con el que nos toco lidiar.

Ahora que hemos construido una buena masa crítica de propuestas, bien valdría la pena pasarlas por estos filtros. Eso nos ayudaría a construir el camino para cruzar al otro lado del río. Ahí donde queremos llegar.

*Directora de México Evalúa.

 ednajaime@mexicoevalua.orgwww.mexicoevalua.org

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