¿Recesión o desaceleración?
Hay que evaluar las consecuencias de vivir más allá de las posibilidades, como nación y como individuo
La turbulencia financiera tras la degradación crediticia a Estados Unidos por parte de la calificadora Standard & Poor’s me retiene en el tema abordado la pasada semana.
Más allá de que se trate de la segunda recesión en dos años —o continúe la misma — o de una desaceleración económica, el hecho es que EU enfrenta su mayor déficit desde la segunda Guerra Mundial, el cual ya rebasó 102% del PIB.
La agudizada pugna política entre demócratas y republicanos ante las elecciones presidenciales de 2012 atoró el conveniente acuerdo para elevar puntualmente el techo de endeudamiento.
En inesperada reacción, los inversionistas han optado por lo que consideraron la inversión más segura, los bonos del tesoro norteamericano. Claro mensaje: no nos intimidan las calificaciones crediticias.
Algunos califican de arrogante la decisión de S&P de degradar la deuda de EU. Sucede que en el período de negociación se manejó una reducción del déficit fiscal de EU de cuatro billones de dólares durante la próxima década, mismo que finalmente quedó establecido únicamente en 2.4 billones dólares, decisión que S&P ya no avaló. Lo paradójico es que S&P recomendó ampliamente los títulos de Lehman Bros. hasta el final, entre otras pifias que han desacreditado la reputación de la calificadora. Seguramente, en congruencia, S&P pronto afectará calificaciones de otros países y entidades financieras.
China, segunda economía mundial —por ahora— es la principal tenedora de bonos del tesoro estadunidense con 1.2 billones de dólares y paradójicamente seguirá adquiriendo dichos bonos a fin de mantener estable la cotización de los mismos, además que por razones comerciales, al país asiático no le conviene ni una devaluación del dólar ni una revaluación del yuan.
Un dólar débil difícilmente podrá seguir obteniendo recursos a tasas preferenciales. Es momento de evaluar las consecuencias de vivir más allá de las propias posibilidades, tanto como nación como individuo. ¿Será posible seguir manteniendo 150 bases militares alrededor del mundo e inmersos en tres guerras?
El inicio del deterioro económico de EU tiene fecha, agosto 1971, siendo Richard Nixon presidente, al abandonar la convertibilidad dólar-oro. A partir de entonces, el dinero se imprime sin respaldo alguno.
El avanzado cáncer que significa el nivel de deuda de EU es imposible sanarlo con simples remedios, cortar el presupuesto más allá de cierto límite ocasionaría severa recesión, lo recomendable es aplicar la medicina recetada a países en circunstancias similares. Una fórmula académica consistiría en devaluar el dólar, con lo que resurgirían exportaciones, se captaría mayor inversión, aumentaría el turismo, declinarían las importaciones y se crearían empleos. Esta decisión resulta menos gravosa que recaer en recesión. No nos aceleremos, no existe aún el osado presidente que se aviente el tiro.
Difícilmente habrán de asumir decisiones significativas previo a las elecciones de noviembre de 2012, sin embargo, es posible que una nueva crisis establezca una canasta conformada por el dólar, otras monedas fuertes y el patrón oro como instrumento de unidad monetaria internacional.
Creímos haber superado la megacrisis económica de 2008, quizá más por el temor de afrontar lo indeseable que por tener elementos que lo confirmaran. Habremos de extirpar a fondo el mal que nos aqueja y a partir de entonces establecer nuevas reglas del juego financiero, cuyo disciplinado cumplimiento sería supervisado eficientemente, sin tolerancia ni excepciones.
Desde luego, sorprende constatar que nuestro poderoso vecino del pasto —y dinero— verde sea falible.
*Analista
