Las marionetas del momento

Quien parece entender a la perfección el manejo del monotema en la agenda nacional, es Javier Sicilia. Lleva semanas en boca de todos, con un mensaje que, poco a poco, ha involucrado a los Tres Poderesy a gran parte de la sociedad.

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

En México tenemos la tendencia a ser monotemáticos. Cuando nos ocupamos de algo, le damos vueltas, una y otra vez; lo contemplamos desde diferentes ángulos y repetimos las mismas frases, los mismos análisis superficiales hasta que, unos días después, surge un nuevo tema que se convertirá en el centro de atención en el que, además, todo el mundo se convierte de inmediato en un experto. Lo que nos preocupaba hace unos instantes desaparece por completo de nuestra vida hasta que nos damos cuenta de que, no por dejarlos de observar, los problemas dejan de crecer, o de que el mundo es mucho, mucho más, que nuestras pequeñas preocupaciones.

El ejemplo perfecto es la crisis política y económica en Estados Unidos. El gobierno de Obama acaba de recibir un fuerte golpe con las negociaciones para subir el límite de la deuda soberana de su país, que derivó, justamente el viernes pasado, en la disminución de la calificación de la deuda norteamericana por Standard and Poor’s. Un acontecimiento histórico cuyas repercusiones aún están por verse y que, en el momento en que usted lea estas líneas, habrá tenido un impacto en las bolsas de valores de todo el mundo. Durante el fin de semana pasado, los teléfonos de los responsables de la cartera de finanzas de los países del G-20, un grupo cuya presidencia nos corresponderá en unos cuantos meses, no dejaron de sonar mientras trataban de coordinar esfuerzos para tratar de minimizar los efectos en cada una de las economías del grupo.

¿Qué hemos hecho para ocuparnos de este tema? ¿Cómo reaccionará México ante esta posible debacle financiera? Parece que el monotema del momento se llama precandidaturas presidenciales, al menos para el responsable de las finanzas del país. Las referencias derivadas de una búsqueda en Internet, al menos, así lo indican. En el fin de semana posterior a la rebaja en la calificación de la deuda estadunidense, y justamente antes de que comience una semana que puede ser una pesadilla para los mercados en todo el mundo, las declaraciones de Ernesto Cordero son en el sentido de ratificar sus deseos de ser Presidente, mientras aprovecha la oportunidad para alabar la valentía de su jefe y, de paso, hacer advertencias a los priistas. Pero, sobre las medidas que se han tomado para hacer frente a la volatilidad de los mercados en esta coyuntura, ni media palabra. ¿Para qué, si no es el monotema? ¡Ah!, pero antes que nadie le pueda reclamar sus actos proselitistas, da un paso al frente: los realiza fuera de su horario laboral, y sin tocar un peso del erario. Qué tranquilidad.

Quien, en cambio, parece entender a la perfección el manejo del monotema en la agenda nacional es Javier Sicilia. Lleva semanas en boca de todos, con un mensaje que, poco a poco, ha involucrado a los Tres Poderes y a gran parte de la sociedad. Un mensaje solamente, que es él mismo. Él es el monotema. En este caso, como nunca, el medio es el mensaje, y este hombre, con una imagen consistente e icónica, ha conseguido que le sea reconocida, por algunos actores, legitimidad suficiente para representar a la sociedad entera. Incluso, de tan conocido, ha llegado a ser, de cierta manera, cómodo para sus interlocutores. Así lo demuestra el hecho de que, en el diálogo con los legisladores, éstos hayan leído respuestas que traían preparadas de antemano, impresas. Posteriormente, abrazos y besos al hombre del sombrero, los lentes, el chaleco y la barba. Besos para la foto, respuestas prefabricadas, oportunismo ramplón. Un “yo sí le pido disculpas”, seguido de promesas que difícilmente serán cumplidas, y ya están del otro lado. El poeta tiene rating, y si logran emocionarlo y montarse en el carro de sus propuestas, quién sabe hasta dónde los lleve ese camino. Sicilia es, como mensajero, el mensaje mismo, y la legitimidad que le ha sido otorgada le permite hablar de cualquier cosa y en cualquier tono. Sicilia es nuestro monotema, ya sea en Chapultepec, en el Zócalo o marchando en un camino cualquiera.

Sin embargo, Javier Sicilia tiene ante sí retos formidables. Y el primero, antes que nada, es asegurar la continuidad de su movimiento. Utilizo de manera intencional las minúsculas porque no me refiero al grupo de personas que lo rodean, sino al movimiento inercial tras el empuje formidable que ha sido capaz de generar. A la inercia que permita que, a la indignación, siga la acción de otros miembros de la sociedad. Al surgimiento de más sicilias, en diferentes terrenos, que estén dispuestos a exigir del Estado que cumpla con su encargo. Dispuestos a cambiar el país.

En segundo lugar, Sicilia tendrá que definir muy pronto cuál es la batalla que quiere librar, y enfocarse a ella, solamente mientras que otros miembros de su Movimiento se dedican a lo que a ellos les corresponda. Tiene que delegar. De otra manera, la identificación de un solo hombre con todas las causas ciudadanas terminará por desgastarlo y restarle la legitimidad que ya comienza a cuestionársele.

Y, en tercer lugar, Javier Sicilia tiene que aclarar —probablemente primero a sí mismo— cuál es el papel que le corresponde dentro de la política mexicana. Y no sólo en cuanto a sus propias aspiraciones, sino a los políticos que están aprovechando su carisma —don gratuito recibido— para sus respectivos intereses. Los grupos políticos que aprovechan, de nuevo, el monotema, para enviar sus correspondientes mensajes. Para hacerlo pedir renuncias o interrumpir diálogos sin que entienda del todo lo que está pasando. De otra manera, tanto el sombrero como los lentes, el chaleco y la barba no serán sino los accesorios de la marioneta del momento. Y esto sería, realmente, lamentable.

        *Analista político

        contacto@victorbeltri.com  

            twitter.com/vbeltri

Temas: