Seminarios para una cultura mejor

¿Puede la cultura terminar con los problemas graves? ¿Puede darnos felicidad?

La palabra “cultura” asusta a muchos. ¿Y por qué hablar de cultura, dicen, cuando en el país hay problemas graves, secuestros, crímenes, asesinatos, contrabando, falta de empleos? ¿Puede la cultura terminar con todo esto? ¿Puede la cultura darnos felicidad?

Tuve varias experiencias, todas positivas, en seminarios de literatura, una de las bellas artes, que impartí en universidades y secretarías del gobierno, de cuyos nombres no quiero acordarme, principalmente en la Ciudad de México.

En las secretarías los alumnos de los seminarios eran empleados de mandos medios. Todos, ellos y ellas, personas inteligentes, agradables, trabajadoras. Eran burócratas no en el sentido peyorativo de la palabra, no en el sentido de las telefonistas burócratas que obtienen un empleo y se dedican a pasar al ciudadano-ciudadana de una ventanilla a otra, o de una extensión a otra, en suma, pasarse de unas a otras la papa caliente y deshacerse de ella. Mis licenciados y señoritas, a todas así las llamaban, asistían a los seminarios con buena fe, con el afán de aprender y además para recibir diplomas que les permitirían obtener más altos puestos.

Bueno, pues a esos asistentes a mis seminarios la cultura los conquistó, con ella quedaron fascinados.

Como parte de la cultura se trató también de la asertividad, en el sentido de afirmar nuestros propios derechos respetando los de los demás. Nos referimos también a la redacción, pero no al nivel de sujeto, verbo y complemento, lo cual debe ser parte de la educación primaria. Se les habló de la gramática y el lenguaje haciéndoles ver que no los modifican los profesores ni tampoco la Academia de la Lengua, sino los escritores y hasta el habla popular, al introducir cambios que finalmente la Academia acaba por aceptar.  

Traté también de enseñarles a hablar en público, la posición del cuerpo, la voz, la mirada, la manera de leer para que todos escuchen y tengan interés en el tema. Si al público no lo convences, el público te devora. A los asistentes al seminario les interesaban las obras de teatro, de los demás y las mías. De manera que les organicé un simulacro de casting, una más de las palabras que el idioma inglés ha impuesto en el castellano: el casting o audición para obtener entre varios o casi siempre muchos actores el papel de un personaje en una pieza de teatro.

Los que participaron en el casting, convertidos en actores, vieron el mundo de otra manera, fue para ellos una oportunidad para ver y sentir lo que es el arte como expresión del ser humano. Recurrimos también a temas como la música dodecafónica de Schoemberg, o a cuadros, pongamos por caso, con el surrealismo de Magritte o los azules de Chagall.

En los ejercicios para obras de teatro elegimos a varios autores, y terminamos a petición de los asistentes con algunas frases de una obra mía que leyeron en el casting un licenciado y una señorita. A los “actores” y al público mucho les gustó, quizás por el tono surrealista, tan alejado del realismo de las burocracias. En mi libro-disco Antología de Teatro (Voz viva de México, UNAM, 2002), con voz de la autora y fragmentos de varias de mis obras, entre ellas Una mujer, dos hombres y un balazo, cuadro El barco ebrio, una alga y un liquen están adheridos a unas rocas en el mar y de ellas el público solamente ve aparecer cabezas y manos. El liquen le dice al alga parte de un fragmento de El barco ebrio, aquí reducido, que leyeron los que participaron en el casting:

“Quiero raptarte a caballo en una película de galaxias y desayunar contigo cada mañana en la terraza del Trocadero, cuando las fábricas empiezan a echar a andar los relojes eléctricos. Quiero hacer el amor contigo a la luz de la luna dorada y ardiente, sobre la hierba donde copulan los escarabajos, mientras en el cuarto de al lado Einstein está ocupado en resolver su teoría de la relatividad. Quiero a Newton y su manzana y la Constitución Federal de Washington y la Guerra de los Treinta Años para ponerlas a tus pies. Y esta es la declaración de amor de tu esposo, el más enamorado”.

Un ejercicio para un grupo de voluntarios, fue también la improvisación de una obra de teatro. En otros ejercicios tres voluntarios se convirtieron en líderes políticos y había que ver de qué convincente manera y tono de discurso popular hablaron a favor de un partido u otro, o hasta de un partido inventado. 

Terminó el seminario y volvimos, volvemos ahora a la realidad. A la fecha, en México como en otros países, crece la pobreza, aumenta el desempleo. Más de once millones de personas se encuentran en pobreza extrema. El hambre mata, la sobrevivencia es difícil. Y cómo hablar de cultura a los que padecen hambre. Contra el hambre y la ignorancia debe luchar todo gobierno. Y también todo ciudadano.

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