Gobiernos sustentables

Finalmente nos enfrentamos a la realidad del futuro energético inminente: la fuerza nuclear.

La sustentabilidad en las decisiones públicas muchas veces no es popular en el corto plazo, pero sí indispensable para generar ahorros, preservar el medioambiente e incluso generar recursos en el futuro mediato.

El trabajo conjunto de comunicación y consenso que implica una decisión de esta naturaleza también dificulta su implementación. Sin embargo, estos esfuerzos sin duda valen la pena ante la escasez galopante de recursos que enfrentamos a diario.

Ejemplos de esto, hay muchos. Por supuesto en la industria energética la extracción de petróleo es el caso más claro y contundente. Un recurso no renovable, que se agota sistemáticamente hasta que dejemos el planeta completamente seco en sus yacimientos.

A diferencia de esto, surgen las propuestas de energía verde o limpia, que conlleva realizar esfuerzos de otra naturaleza que no son, por el momento, tan redituables como la primera. Tal es el caso de la fuerza eólica o la energía solar. Lamentablemente, ambas son fuentes de energía cuyo almacenamiento es muy complejo y poco eficiente.

Así sólo quedan pocas opciones posibles, como la energía proveniente de la Jatropha y sus derivados, que implica utilizar enormes extensiones de tierras cultivables que entonces dejarán de producir alimentos. Además, también hay otros elementos orgánicos, como la acumulación del metano en granjas porcícolas, sin que estas técnicas puedan sustituir las cantidades de energía que producen hoy las fuentes tradicionales.Finalmente entonces nos enfrentamos a la realidad del futuro energético inminente: la fuerza nuclear.

Estamos entonces por seguir exprimiendo el planeta, apostar por energías renovables cuya potencia o eficacia no parece empatar a los hidrocarburos o recurrir a las fuerzas atómicas, con los riesgos que evidentemente esto conlleva. La sustentabilidad es compleja y tiene distintas aristas.

Por otro lado, los gobiernos y las empresas responsables se preocupan por contribuir con su entorno, por no dañar sus recursos y por cumplir estrictamente con las reglas impuestas para estos efectos.

Una buena parte de la banca mundial por ejemplo ha ligado la adjudicación de créditos a proyectos de infraestructura con los llamados Principios de Ecuador. Una serie de condiciones que garantizarán la protección del medioambiente que será impactado por estas obras.

Algunos países basan buena parte de la conducción de sus políticas públicas en esto. Tal es el caso de Costa Rica. Algunos otros, han incluido estas obligaciones en sus constituciones políticas, como Bolivia y Ecuador. Mientras Brasil ha encontrado esquemas de colaboración conjunta para hacer menos contaminantes a sus diversas industrias.

La sustentabilidad así, es considerada hoy como un elemento democrático, que los ciudadanos debemos conocer y exigir a nuestras autoridades y legisladores. La agenda verde no es propia de un solo partido político, por el contrario, en diversas partes del mundo las diversas fuerzas políticas procuran orientar y coincidir en estos temas. Así ha sucedido en Alemania, California o la región conocida como Cascadia (Oregon, Washington y la Columbia Británica).

En México se han aprobado muy pocas leyes (locales) para la conducción del quehacer público en este sentido. Actualmente el Congreso de la Unión tiene varias iniciativas congeladas, como la de cambio climático, que deberían haber sido aprobadas ya incluso por consenso, pero parece que aquí todavía estamos muy lejos de darle la importancia y dimensión que estos temas requieren.

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