115 años de bañar el Globo
El domingo 10 de abril se cumplió un siglo con tres lustros del nacimiento de la prueba de maratón.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El coronel Papadiamantopoulos entró a caballo al estadio Panathinaikos, de níveo mármol pentélico, y con la voz de Esténtor anunció a la multitud y a la realeza: ¡alegraos dos griegos vienen con la victoria! El anuncio de Papadiamantopoulos, poco antes de las 5 de la tarde, voló por las tribunas con la rapidez de un Pegaso. Unas tres horas antes en el puente de Maratón había dado la señal de partida y seguramente lo hizo envuelto en la sinfonía de cigarras que inunda a la Hélade inundada en ese cielo y esa luz tan hermosos. El estadio se transformó en una alegre garganta y de lo más profundo brotó un gritó: ¡Hellás, Hellás! que significa, ¡Grecia, Grecia!
El domingo 10 de abril se cumplió un siglo con tres lustros del nacimiento de la prueba de maratón. Michel Bréal, historiador francés, helenista, sugirió a Pierre de Coubertin, la creación de esta competencia con un sentido mítico y legendario, qué mejor que en los primeros Juegos Olímpicos se rindiese homenaje a la hazaña del mensajero Filípides, que corrió en el año 490 AC de la llanura de maratón al ágora de Atenas para anunciar la gloriosa victoria de Milcíades sobre los persas. “¡Alegraos, hemos vencido!”, dijo Filípides y cayó como fulminado por una centella tras el ingente esfuerzo de correr 40 kilómetros.
Spiridon Louis, que vendía agua en una carreta tirada por un jamelgo, fue el ganador del primer maratón de la historia. Se lo bebió en 2:58.50 en 1896. Un tiempo nada despreciable si consideramos que cien años después el célebre pedalista Lance Armstrong, ganador siete veces del Tour de France y de reconocida capacidad en el triatlón, cronometró en Nueva York 2006 (2:59.36).
Hoy el maratón tiende a las dos horas. El récord mundial lo posee el etíope Haile Gebrselassie en 2:03:59. Su popularidad crece tanto por lo espectacular de su esencia agonal como el desafío que representa para el cuerpo y mente de cualquier hombre o mujer. En este universo resistencial los negros correlones del Valle del Rift, etiopes y kenianos, son como las galaxias, viajan a la velocidad de la luz, alejándose de todos los que corren maratón en el globo de la Tierra.
París, Daegú, a manera de ensayo al Campeonato Mundial de agosto; Rotterdam, movieron este domingo ríos humanos de atletas.
Y el próximo domingo 17 el Virgin London conocido con anterioridad como el Flora London; y el lunes 18, la 115 edición del maratón de Boston, inspirado en el de Atenas. El Boston sale de Hopkinton, pasa por la colina Rompe-Corazones y finaliza frente de la torre de John Hancock en Copley Square. Tiene una pendiente de 139 metros y va en línea recta de oeste a este, sin cumplir las reglas de la IAAF, por eso nunca se reconocería como tal un
récord mundial.
Abel Kiriu, campeón mundial en Berlín 2009, compite en el Virgin London. Anuncia que no defenderá su título en Daegu. Su objetivo: romper la marca de Gebrselassie en Berlín.
El domingo en Daegu, el keniano Hillary Kipchirchir Kimaiyo, ganador el mes pasado en Torreón, se esfumó. Una locura correr el maratón cada mes.
El próximo domingo en Londres seis mexicanos. Prestemos atención al esfuerzo de la tlaxcalteca Madaí Pérez.