El reclamo de justicia de Javier Sicilia por el asesinato de su hijo ha desencadenado una movilización que suma diversos frentes políticos ciudadanos cuya hebra unificadora es la puesta en duda de la necesidad histórica de la estrategia contra el crimen organizado.
No es una protesta más que reclama a las autoridades actuar contra la delincuencia como la marcha que en el sexenio anterior Andrés Manuel López Obrador consideró un coro de pirrurris.
Tampoco es una prolongación del ya basta a la incapacidad de los gobiernos para frenar la ola delictiva, suscitada por el secuestro y asesinato del hijo del empresario Alejandro Martí.
Esta vez la inconformidad circulada originalmente a nivel de redes sociales, en contra de “la guerra de Calderón”, bajo el lema de “¡No más sangre”, se ha extendido a las calles.
Con el poeta y periodista Javier Sicilia al frente, las movilizaciones del miércoles lograron aglutinar contingentes disímbolos: desde los que sistemáticamente se involucran en cualquier iniciativa de oposición al gobierno, hasta quienes piensan que debe negociarse una tregua de la espiral de violencia criminal con los narcos, incluidos aquellos que desde la solidaridad, el miedo y la conciencia ciudadana, claman por una garantía de vida para los suyos.
El mensaje del escritor de “¡estamos hasta la madre!” es un llamado a la autoridad para reconstruir el tejido social y promover la concordia que involucre a las partes enfrentadas, gobierno y grupos delictivos, a través de “un pacto de honor” en torno a evitar los daños a terceros, las denominadas “víctimas colaterales” del fuego cruzado.
Pero en realidad el discurso de los movilizados es un tajante no a la forma en que el gobierno federal actúa en materia de seguridad; un rechazo a la incorporación de las Fuerzas Armadas en la estrategia, a cuyos elementos se les atribuyen violaciones a los derechos humanos e infiltración de la delincuencia.
Con el caso Sicilia, se experimenta además una sacudida de conciencia, la comprensión de que no hay forma de escapar de la violencia.
Y al enterrarse la ilusión de que “a mí eso no me va pasar porque los míos son buenos muchachos”, los portadores de la duda sobre qué tanto vale la pena la estrategia gubernamental aumentan.
Frente a este rechazo político, el presidente Felipe Calderón respondió el jueves que si bien se encuentra abierto a la crítica y a la propuesta responsable, “simplemente, mientras no se muestren alternativas de mayor beneficio, o de menor costo para la sociedad y para las personas”, se mantendrá la actual estrategia.
Ayer defendió la honestidad y el compromiso de los militares, y dijo que no regresarán a sus cuarteles mientras las corporaciones policiales carezcan de esos atributos.
Pero como la duda está sembrada, resulta insuficiente un acto de fe en el Ejército y la Marina frente a la exigencia de demostrar que esas instituciones están depuradas.
Calderón ha tomado nota del sello antigobiernista de las protestas, sin capitalizar el tono conciliador de Sicilia, desaprovechando la presión ciudadana para apretar en la limpia de instituciones que los gobernadores postergan.
Se actúa como si existiera la garantía de que la estrategia será continuada después de 2012, como si su vigencia fuera un consenso.
En todo caso parece existir un acuerdo para el reparto del presupuesto contra la inseguridad y un alineamiento en el discurso del tema. No en balde el aplastamiento del PAN que el líder del PRI, Humberto Moreira, promete se ha centrado en impugnar la política social y económica, y no en el saldo del combate al crimen organizado.
Puede ser que ese consenso precario en torno a la continuidad sea un ingrediente de una probable alianza electoral PAN-PRD para el siguiente año y por eso el jefe del Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, fue tajante al considerar inviable la propuesta de Sicilia porque “esa etapa, es una etapa que se rebasó hace muchos años, el pacto se volvió en muchos casos convivencia y de convivencia se volvió predominio a estos grupos sobre las instituciones de Gobierno”. ¡El mismo diagnóstico de Calderón!
El senador priista y aspirante presidencial, Manlio Fabio Beltrones tomó otra ruta: “Como Javier Sicilia, somos muchos mexicanos los que estamos hartos (…) Con las elecciones de 2012 habrá oportunidad de hacerles pagar a todos aquellos que no supieron resolver los problemas”.
Conforme la campaña avance, la revisión solicitada por Sicilia resultará inevitable. Antes de disputar la Presidencia, los contendientes, con Calderón incluido, deberán ganar o perder el debate en torno a la continuidad de la estrategia.
