Obama: Yes, he wants…
En la naturaleza del poder, no sólo están las carnadas que a todos enganchan para intentar apoderarse de él, sino las seducciones que, una vez conquistado, presenta y representa para que nadie quiera jamás soltarlo. Barack Obama comenzó a labrar camino para intentar ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
En la naturaleza del poder, no sólo están las carnadas que a todos enganchan para intentar apoderarse de él, sino las seducciones que, una vez conquistado, presenta y representa para que nadie quiera jamás soltarlo. Barack Obama comenzó a labrar camino para intentar quedarse en la Casa Blanca cuatro años más. Es ya casi una tradición que los presidentes de EU busquen un segundo mandato para que su periodo como cabeza del país más poderoso del mundo pase de cuatro a ocho años. En el caso de Obama, fue demasiada la expectativa y, dicen, la decepción ha sido del mismo tamaño, tanto que su popularidad tuvo un bajón histórico de 2009 a 2010, cuando pasó, de 58%, a 47%, y dejó atrás aquella sorprendente mayoría con la que ganó la elección hace dos años.
¿Tiene Obama méritos suficientes para pensar en la reelección? La mentalidad republicana dice que no. Como adversarios que son, están incluso muy preparados con una larga lista de adversarios. Allá, con sus precandidatos de momento cuentan, aunque no todos de forma oficial, hasta 25. Desde el mejor posicionado, Mitch Romney, hasta el multimillonario más famoso, Donald Trump, todos rumbo a la Convención que genere a su candidato. Los del elefante incluso ya dedican su portal en línea a la campaña que esperan que tumbe a Obama. Le han llamado “La esperanza no se contrata...” y, de forma irónica, retoman la campaña ya usada por el demócrata para subrayar lo que consideran derrotas, promesas incumplidas y errores de la actual presidencia.
Y es que, para Obama, ésa, su marca, que en época electoral le sumó muchos, muchísimos adeptos, hoy ha girado un poco y se ha hecho parte del peso en su contra. Las reformas que no llegan: de salud, la de migración, la económica, la permanencia de la milicia estadunidense en Irak y Afganistán. Además, los golpes financieros que a Obama le ha tocado enfrentar, siendo el primer presidente afroamericano de la historia de EU —hecho que se subraya en la historia contemporánea no sólo de ese país, sino del resto del planeta—, pues le tocó estar al frente cuando la peor crisis desde 1929 hizo trizas los mercados, también, no sólo de EU, si no del resto del orbe.
Obama no la ha tenido fácil, por las circunstancias que forman parte de un mundo globalizado impredecible y por las cualidades de su mandato: llegó bajo el brazo de una esperanza que urgía cambios después del mandato de George W. Bush, el presidente incómodo, el menos popular, el más sanguinario en la historia más o menos reciente de EU y el mundo occidental. Y la presión sobre el primer presidente de color ha sido proporcional a esa esperanza que durante su campaña lo hizo casi un rockstar.
Ayer, su equipo, comenzó la carrera por la reelección. Muy al estilo de la campaña anterior (que empata con el estilo de las estrategias políticas estadunidenses y su comercialización de las emociones), inició la distribución del nuevo mensaje:
“Siempre hemos sabido que un cambio duradero no vendría rápida o fácilmente. Nunca lo hace. Pero a medida que mi gobierno y la gente en todo el país lucha para proteger el progreso que hemos hecho —y hacer más— también tenemos que empezar a movilizar para el año 2012, mucho antes de que llegue el momento para mí para empezar la campaña en serio (...) Esta será mi última campaña, al menos como candidato. Pero la causa de hacer una diferencia duradera para nuestras familias, nuestras comunidades y nuestro país nunca ha sido acerca de una persona. Y sólo tendrá éxito si trabajamos juntos...”
Así, el “Yes, we can...” comienza a recargar energía. Por lo pronto, “Yes, he wants”. Ya se verá si “yes, he can”…