Arte, cultura y lucha política

Tenemos en México artistas famosos en el mundo por su creación en música y pintura.

Cuántas energías gastadas en discusiones, dimes y diretes, insultos entre los dirigentes y/o  aspirantes a dirigentes de los partidos políticos pensando –con honrosas excepciones– en el poder antes que en el bien del país y de sus habitantes.

Informar acerca de estas controversias y peleas es  quehacer del periodismo y resultan valiosos los datos de Excélsior sobre dichos temas. Altas y bajas de cada candidato o partido; las discusiones —léase peleas— van para largo. Finalmente cada ciudadano decidirá según su propia opinión y se espera —sombras nada más, esperanzas nada más— que en los resultados la verdad sea dicha.

Entretanto, en vez de seguirles el rumbo a insultos y desacuerdos, me propongo en esta remesa hablar de arte, literatura, música, algunos pintores. ¡Cómo! —dirá el avezado lector— cómo hablar de arte ante tantos problemas que afronta nuestro país. Pero insisto: precisamente hay mucha ignorancia en México, falta de cultura a través de generaciones y más generaciones y esta carencia ha causado pobreza, hambre de más de 45 millones de mexicanos; ha causado discriminación, afán de venganza, odios entre ricos y pobres y entre pobres y ricos, auge del narcotráfico, desencanto y rencores.

Ante esto, cómo hablar de arte. Pues eso es precisamente lo que voy a hacer. Porque la cultura (no hay que tenerle miedo a la palabra), la cultura no es aburrida. Que aquí los estudiantes aprecien el arte. Iba yo a escribir “sean adictos del arte”, pero quizás sería exagerar un poco. Rectifico: Que los estudiantes aprecien el arte y aprendan a disfrutarlo. Para eso también trabaja y ha obtenido buenos resultados el titular de la Secretaría de Educación Pública, Alonso Lujambio.

Tenemos en México artistas famosos en el mundo por su creación en música, pintura, escultura, literatura y en  todas las bellas artes. Referirnos a ellos requeriría escribir libros enteros. Pero debemos aprender algo, aunque para empezar sea de manera sumaria, del arte en otros países. Porque la mejor manera de ser “orgullosamente mexicano” es ser internacional.

Que los estudiantes se interesen, por ejemplo, en la música dodecafónica de Schönberg y sus principios decisivos para el desarrollo posterior de la música. Lo cual no les impediría, por el contrario les haría comprender mejor la música popular de tiempos pasados y también la de hoy, aquí y en el mundo.

En pintura puede resultar interesante distinguir el impresionismo del expresionismo. El impresionismo, a fines del siglo XIX, nacido en Francia y que después llegó a América. Pintores trabajando al aire libre. El impresionismo descrito como arte que “aspiró a percibir las impresiones antes que el aspecto estable de las cosas”. Y el expresionismo, a principios del siglo XX, caracterizado por intensidad en la expresión, con Van Gogh como precursor. Todavía me parece ver, en el Museo del Impresionismo de París, aquel cuadro de Manet, uno de los antecesores del arte moderno, titulado Le dejeuner sur l’herbe (El desayuno sobre la hierba), con todos los hombres vestidos de negro a la usanza de la época, comiendo sentados sobre la hierba, y solamente de pie y desnuda la mujer. Cuadro en el cual la impresión que sentimos es que verdaderamente  los personajes están vivos y hablan entre ellos. Aprendí entonces que a Manet no hay que confundirlo con Monet, también impresionista, autor de Mujer con sombrilla en el jardín, 1886, Museo de Orsay, París.

En México tenemos excelentes pintores a nivel mundial  que los estudiantes mexicanos ya conocen, lo cual es paso adelante en la cultura.

En cuanto a la literatura, recientemente fue agradable  oír a un estudiante mexicano diciendo que estaba inmerso en la lectura de El Castillo, de Kafka, novela póstuma originalmente escrita en alemán en la que el protagonista acaba devorado por una monstruosa burocracia, como algunas que persisten todavía en nuestros días. En Praga se puede ver la pequeña ventanita desde la que Franz Kafka, dicen, se asomaba a veces para ver el río. Kafka (1883-1924), y posteriormente aquellos tiempos en que los tanques de Hitler, desde lejos pero cerca, vigilaban a la población.

En suma, arte a nivel nacional e internacional para  apreciar a los artistas que tenemos en casa y tener una cultura que redundara en logros en la lucha contra la ignorancia, generadora de pobreza. Cultura que a la vez podría favorecer el incremento del turismo y de inversiones provenientes de otros países.

Esto en vez de estar día con día alegando y discutiendo sobre lo que dijo o dejó de decir cada político ambicioso, criticando o aplaudiendo a otro político también ambicioso de poder, pero sin informar a la población acerca de lo que cada uno se compromete a hacer en 2012. En vez de alegatas entre ellos, que resultarían cómicas si no es porque son decepcionantes, que de cada aspirante a candidato informe de su plan de trabajo.

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