El sapo y la pedrada

Carlos Slim es el hombre más rico del mundo. Su fortuna equivale a 60% de las reservas internacionales del Banco de México. Sólo la empresa América Móvil le genera ingresos reportados a la Bolsa de Valores por más de 660 mil millones de pesos al año. El empresario ...

Carlos Slim es el hombre más rico del mundo. Su fortuna equivale a 60% de las reservas internacionales del Banco de México. Sólo la empresa América Móvil le genera ingresos (reportados a la Bolsa de Valores) por más de 660 mil millones de pesos al año. El empresario recibe nueve de cada diez pesos de sus ganancias gracias al negocio de las telecomunicaciones. Esos ingresos superan el presupuesto asignado por el gobierno a instituciones como Pemex o la CFE o Educación Pública. América Móvil vende dos veces más que las exportaciones de Pemex a EU. El capital de Slim se reinvierte y crece financieramente a cada minuto, sin importar el huso horario del planeta.

De ese tamaño es el sapo y de ese tamaño la pedrada. Resulta tan apabullante la fortuna de Slim —recientemente estimada por Forbes en 74 mil millones de dólares— que supera el PIB de 148 países. Si El Ingeniero quisiera, podría comprar Guatemala, Uruguay y Nicaragua, al mismo tiempo. Y con cash.

Pero el problema de fondo no es el tamaño de la fortuna de Carlos Slim o el peso dominante de sus negocios. Además, es un asunto de preposiciones gramaticales. Conviene refrescarlas. Es un ejercicio necesario. No tanto en lo gramatical como en relación con los intereses de El Ingeniero Slim.

Casi todos los caminos nos conducen a él.                                                                  

Debemos saber si trabajamos ante, bajo, con, contra, desde, hacia, para o tras las empresas del Grupo Carso. El peso dominante de los negocios Slim es tal que se ha exacerbado la confrontación con sus competidores. Sobre todo en el ramo de las telecomunicaciones. Televisa y Grupo Salinas exigen al monopolio reglas y condiciones equitativas de competencia. 

Los grupos empresariales en pugna con Slim han dicho: ¡Basta! Pueden trabajar con él, pero no bajo su dominio. Ni para aceptar sus condiciones que de manera reiterada juzgan inequitativas.

Comienza el segundo bimestre del año y todo indica que el encontronazo se va a poner peor.

Es una lucha de titanes. Lo es el trío megagigante América Móvil-Telmex-Telcel versus Movistar, Iusacell, Unefón, Televisa-Bestel, Maxcom, Megacable y Nextel. El problema de fondo seguirá siendo el tamaño y la desproporción de uno de los contendientes. El consorcio Telmex-Telcel: 61 millones de personas son usuarios de los servicios de América Móvil, uno de los pilares del Grupo Carso. Siete de cada 10 teléfonos celulares son de Telcel, nueve de cada 10 aparatos fijos son contratados con Telmex. El 74% de ese pastel de negocios está en la mesa de Slim. Son 87 millones de usuarios, el 26% restante, el migajón, queda en las mesas de otros siete, que son los demás indispuestos a ser los de menos. Telmex-Telcel, alegan sus competidores, tiene una dominancia de 72% del mercado. Si grazna como pato, camina como pato y tiene plumas de pato, seguramente es un monopolio. ¿O qué, no?

En esta crisis importa saber si hay un árbitro gubernamental capaz y dispuesto a interponerse en pro de la certeza y la competencia equitativa para una ocupación distinta del mercado. Lo pregunto porque no se ve por ninguna parte. Alguien con autoridad para fijar las reglas del combate. Alguien que desde el Estado impulse mejores servicios para los consumidores. Este drama no sólo es un asunto entre particulares. Debiera ser un tema de Estado.

Mony de Swaan, presidente de la Cofetel, ¿tú podrás defender a los usuarios, víctimas colaterales de esta guerra sin cuartel? ¡Si no puedes, renuncia!, como diría Alejandro Martí.

Desde 1990, cuando Grupo Carso adquirió Telmex en mil 560 millones de pesos (precio de ganga) en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la expansión acelerada de las empresas de El Ingeniero se hizo tema de análisis. ¿Por qué al menos en los dos sexenios posteriores a Salinas —el de Ernesto Zedillo y el de Vicente Fox— no se anticipó y contuvo la formación de un mercado telefónico prácticamente monopólico? Bañarse, instalar en casa una tubería de cobre, cambiar las losetas de la cocina, fumar, regalar chocolates, abrir el correo electrónico, hablar por celular o teléfono fijo, casi cualquier actividad le agrega un poco más de lana al Grupo Carso.

Repito la pregunta: ¿habrá un réferi capaz de interponerse en pro de la certeza y la legalidad del reparto de tan gran pastel? Si en el juego de las metáforas los contendientes fueran tigres, lo pertinente es averiguar si existe un domador capaz de contener la fuerza y los zarpazos del más grande. O bien que los tigres chicos se resignen a quedar con el pantalón desgarrado como falda de hawaiana o bien a llevarse sus inversiones a mejores tierras.

La historia continuará. Por lo pronto, ¿ya escogió usted la preposición que más le convence? ¿O la que menos le incomoda?

EL MONJE LOCO. Según la revista Forbes, Carlos Slim ganó 15 mil millones de dólares en 2010; 41 millones de dólares por día; un millón 700 mil dólares por hora; 28 mil 500 dólares por minuto; casi 500 dólares por segundo. Y no fue por vender cafecitos en Sanborns ni discos en Mixup. Ya se sabe, ya se supo…

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