El búho no ha muerto Luna creciente

El mundo musulmán crece en lugaresque han sido, por siglos, el emblemade la esencia del hemisferio occidental.

En lo que ustedes y yo compartimos estas líneas, hay un gigante que se está engullendo a otro y no por primera vez. La Europa de nuestros tiempos es el escenario de un fenómeno social-migratorio, cuando ciudades enteras, emblemáticas de nuestra cultura occidental, sucumben ante hordas migratorias que llegan, no para asimilarse con el resto de esas sociedades, sino para imponer formas, estructuras, comportamientos, dieta, costumbres e ideologías que no son las del lugar donde se asientan, sino del que provienen con todo lo que esto implica. La palabra Islam significa “sometimiento total”... y en ello se engloba todo.

Aunado al proceso migratorio que experimenta Europa, está una crisis espiritual en la cuna de nuestra cultura occidental, marcada por el fenómeno tecnológico-científico del siglo XXI. Contra cada iglesia que desaparece en Viena, París, Londres, Madrid o Roma al transformarse en museo, teatro, cine, restaurante y hasta antro... surge una mezquita con la asistencia de fieles que más que eso, resultan fanáticos de una estructura mental excluyente. Muchos judíos están huyendo de Francia, en cantidades verdaderamente récord, escapando de la peor oleada de antisemitismo jamás vista desde la Segunda Guerra Mundial. Actualmente es muy frecuente oír hablar francés en las calles de Tel Aviv y Netanya, Israel. Y así la ola crece cuando de ghettos, se pasa al carácter mismo de ciudades enteras que están viendo cómo cambia la proporción de gente oriunda a otra que lejos de quererse integrar a un proceso occidental, va marcando su propio carácter, único e irreductible. El mundo musulmán crece en lugares que han sido por siglos, el emblema de la esencia del hemisferio occidental. Un total de 54 millones de musulmanes viven ahora en Europa. La Universidad de San Diego ha calculado recientemente que no menos de 25% de la población europea será musulmana en los próximos 12 años. Y para cuando termine este siglo, Europa toda tendrá una población de mayoría musulmana dada la tendencia europea a la no proliferación y la musulmana de lo contrario.

¿Pero qué significa esta ruptura del equilibrio poblacional de nuestra cuna cultural? De entrada, lo primero que pasa por nuestra mente es una alteración que traerá exabruptos sociales de grandes proporciones. Para cuando realicemos este dramático cambio en las dosis culturales, Europa ya no será lo que creíamos que era. Será otra cosa... lo que revolverá al mundo y su frágil estabilidad. Si en 50 años los europeos desearan recuperar sus espacios perdidos, sólo por la vía del enfrentamiento se podría entender un intento de rescatar los espacios ocupados. Mezquitas que como hongos, estamos viendo crecer en las principales ciudades europeas. El lento estruendo que se empieza a escuchar en todos los rincones del Viejo Continente.

La globalización en la que ahora estamos inmersos, implica infinidad de cambios del mundo como lo conocemos. Todo influye en todos. Todos en todo. El apabullante proceso de comunicación que estamos viviendo, impone la necesidad de nuevas formas de entendimiento, que no se están creando de manera paralela al planteamiento de nuestros futuros conflictos sociales. Tenemos frente a la humanidad, un proceso de impenetrabilidad que implica una segura colisión. Lo vivido sólo en este año en el Oriente Medio, el mundo árabe y el Magreb, nos da las primeras pautas de lo que será regla en los próximos veinte. Pareciera que estamos lejos de esas realidades. La visión que les presento, pudiera ser el argumento de una buena novela costumbrista de nuestro tiempo, cuando en el fondo, sé que se están dando las bases de un seguro siguiente conflicto mundial. Simiente de una nueva guerra, con todas sus consecuencias.

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