Canal Ciudadano
Me siento frustrado porque, después de mil 183 días, el máximo órgano judicial declaró la improcedencia de nuestra demanda sin discutir siquiera la forma en que se cambió la Constitución, mucho menos el fondo del asunto.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
El lunes pasado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró improcedente el amparo que interpusimos 15 ciudadanos en contra de una reforma que se hizo a la Constitución en 2007 que ordena: “Ninguna persona física o moral, sea a título propio o por cuenta de terceros, podrá contratar propaganda en radio y televisión dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos a cargos de elección popular”. Con esta resolución queda definitivamente resuelto que ningún ciudadano podrá hablar sobre política en spots de radio y televisión.
Desde luego que no me gustó esta sentencia de la Corte. Me siento frustrado —literalmente desamparado— porque, después de mil 183 días, el máximo órgano judicial declaró la improcedencia de nuestra demanda sin discutir siquiera la forma en que se cambió la Constitución, mucho menos el fondo del asunto.
Los que nos amparamos creemos que los ciudadanos tenemos el derecho de participar en los procesos político-electorales pudiendo contratar spots de radio y televisión. Es nuestra convicción que individuos y organizaciones tienen el inalienable derecho de expresarse políticamente en todas las modalidades posibles. Es cierto que la democracia necesita partidos. Pero la democracia es más que partidos: es pluralidad de opiniones de diversos individuos y grupos que puedan expresar libremente lo que piensan, sobre todo cuando lo que está en juego es quién nos gobernará a todos.
Seguramente algunos de los 15 ciudadanos que perdimos el amparo recurriremos a instancias internacionales para seguir litigando el asunto. Pero, más allá del tema judicial, la pregunta es qué podemos hacer para demostrar que la sociedad debe y puede tener el derecho de expresarse en spots de radio y televisión.
Gracias a la reforma de 2007, ningún privado podrá comprar estos espacios y los medios venderlos. Entonces, ¿qué hacer? Le he dado vueltas al asunto. Aunque la ley esté mal, hay que respetarla. La restricción, sin embargo, no aplica a spots auditivos o visuales trasmitidos por internet. Rumbo a las elecciones de 2012, se me ocurre establecer un Canal Ciudadano en la red para difundir propaganda política de individuos u organismos sociales. Podría utilizarse la plataforma que ofrece YouTube donde cualquiera puede subir voz y/o video para que pueda ser escuchado y/o visto por todos los interesados.
De esta forma, si un grupo que defiende los derechos de los gay y las lesbianas quiere difundir un mensaje en contra de un candidato homofóbico, pues producen su spot y lo suben a la plataforma del Canal Ciudadano. Lo mismo los que apoyen la interrupción voluntaria del embarazo. O los que la rechacen. Un individuo que quiera aprobar las ideas de un partido y otro que quiera criticarlas. También podrían difundir su propaganda los que pretendan promover, una vez más, el voto por candidatos independientes. O los que crean que los partidos sólo están ofreciendo “espejitos” en sus campañas. En fin, la idea es que haya un espacio de la sociedad para expresar sus puntos de vista sobre la elección federal que viene.
Que la gente hable con toda libertad, pero también se haga responsable de lo que dice. En este sentido, una regla básica sería permitir sólo los anuncios firmados por personas u organizaciones reales. No se valdrían spots anónimos o con una identidad ficticia. Que cada quien diga lo que se le pegue en gana pero que asuma la responsabilidad de sus dichos.
He platicado esta idea con algunos que saben de los intríngulis del internet y me aseguran que es viable y relativamente barata. Yo estoy dispuesto a donar una primera cantidad de dinero para echar a andar el proyecto. En breve haremos una primera reunión para comenzar a evaluar cómo podría lanzarse este Canal Ciudadano a fin de que esté listo lo más rápido posible rumbo a la elección federal del año que entra.
La idea me anima. Alivia, aunque sea un poco, la frustración que me dejó la sentencia de la Suprema Corte. Los ciudadanos tenemos que demostrar que sí podemos participar en el proceso electoral con libertad y responsabilidad. No debemos permitir que los partidos, en complicidad con los jueces, se apropien de todos los espacios comunicativos. Si nos cerraron la radio y la televisión, por lo menos utilicemos internet para expresar nuestras ideas.
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