Descifrando el códice mexiquense

La postulación de Eruviel Ávila como virtual gobernador del Estado de México tiene lecturas muy interesantes dentro del ángulo de la política mexiquense. Ya hace dos semanas decíamos que Enrique Peña tendría que decidir con el corazón o con la razón. Muchos ...

La postulación de Eruviel Ávila como virtual gobernador del Estado de México tiene lecturas muy interesantes dentro del ángulo de la política mexiquense.

Ya hace dos semanas decíamos que Enrique Peña tendría que decidir con el corazón o con la razón. Muchos consideramos que lo hizo con esto último. Existía la suposición, aunque nadie puede asegurarlo, de que se formara una alianza PAN-PRD con un priista como candidato. Esto último resultaba indispensable porque las alianzas azul-amarillo han funcionado a partir de que el candidato no sea ni panista ni perredista sino de un tercer frente, bien sea del PRI o del apartidismo.

Es muy de suponer que Eruviel Ávila no se hubiera prestado para travestir, aun en medio del dolor o del enojo. Primero, porque se le tiene como hombre de honor y, segundo, porque ninguno de sus amigos quiere pelearse con Peña Nieto. Pero podía haber otros tricolores infieles que sí aprovecharan la oferta aliancista.

La segunda lectura es más complicada y trataré de explicarme, sobre todo para quienes no son mexiquenses.

El Estado de México tiene una configuración política básica que es bizonal en lo geográfico y trigrupal en lo sociológico. En lo primero existe una zona poniente que, simplistamente, llamamos Valle de Toluca, y otra, nororiental, que conocemos como Valle de México. En esta zona vive 80% de la población de la entidad. La mayoría de ellos son mexiquenses de residencia, pero no de sangre. Llegaron de la capital o de otros estados. Algunos, a las zonas residenciales ricas, en busca de nuevos fraccionamientos de lujo y, otros, a las zonas populares pobres, a conseguir empleo y trabajo.

En el Valle de Toluca vive una minoría que es tradicionalista y ortodoxa. Que se considera, a sí misma, como los verdaderos mexiquenses y ve a los otros como los “arrimados”. Que, como todas las minorías con idiosincrasia aristocrática, tiende a ser excluyente y exclusiva. Y que ha detentado el poder político local, a través de los siglos.

Existe, además, un tercer grupo que vive en el Valle de México pero que son de tanto arraigo como los tradicionalistas. Yo, por ejemplo, pertenezco a éste. Mi familia es mexiquense desde hace más de 200 años pero los últimos cien los hemos vivido en el Valle de México. Eso le costó a mi padre la posibilidad de ser gobernador y, quizá, también me hubiera costado a mí, de haber tenido oportunidad de competencia. Me preocupaba que, también, lo tuvieran que pagar mis hijos.

Este tipo de exclusiones son peligrosas. El Valle de México produce más votos y más dinero que el resto de la entidad. Pero sufre discriminación y exclusión. Eso es muy peligroso. Ya he llegado a escuchar, en la oscuridad, voces separatistas de todos los partidos políticos que podrían, muy fácilmente, lograr la fácil mayoría simple que se requiere, constitucionalmente, para erigir un nuevo estado de la Federación mexicana.

Esas voces de secesión se han dado en otras entidades y deben ser cuidadas. Los chiapanecos no tienen, desde 1870, un gobernador originario del Soconusco y los guerrerenses tuvieron, sólo hasta 1985, su primer gobernador originario de Acapulco. La “perla del Sureste” y la “perla del Pacífico”, no obstante sus aportaciones, han sido región-paria en el reparto político local. Por eso el Soconusco sigue pensando en la secesión. Muchos congresistas de otros estados le darían su voto en el intento separatista. Cuidado con La Laguna,  La Huasteca y otras regiones muy ricas y muy maltratadas.

Por esta razón tan compleja es interesante la decisión de Peña Nieto. Un gobernador de la zona tradicionalista, como lo han sido todos ellos, se decidió a dar un paso histórico, en favor de un político del Valle de México. Hacerlo fue una valentía y una verdadera hombrada. Tan importante como lo fue el paso hacia el civilismo presidencial. Quizá no vuelva a haber un gobernador de la clase tradicionalista en los próximos cien años. El tiempo lo dirá.

        *Abogado y político.  Presidente de la Academia Nacional, A. C.

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