Salvador Allende

La familia de Salvador Allende, el presidente de Chile de 1970 a 1973, ha decidido que es necesario determinar, en definitiva, las causas de su muerte ese 11 de septiembre de 1973. Ha solicitado la exhumación de sus restos para tal efecto. El simple hecho de tal solicitud ...

La familia de Salvador Allende, el presidente de Chile de 1970 a 1973, ha decidido que es necesario determinar, en definitiva, las causas de su muerte ese 11 de septiembre de 1973. Ha solicitado la exhumación de sus restos para tal efecto. El simple hecho de tal solicitud abre el terreno de la duda sobre la versión oficial, aceptada por todos los bandos políticos, de que se habría suicidado en su despacho ante la futilidad de la resistencia al cuartelazo. Deseo relatar mi experiencia personal con los hechos acaecidos en ese tiempo.

Ese 11 de septiembre fue el día en que empezó la guerra, y toda la sociedad estaba de cabeza. No había transporte público y resultó imposible regresar a casa antes del inicio del toque de queda a las 6pm. Me iba a quedar en la calle, lo cual significaba quedar a merced de las patrullas militares, mismas que arrestaban o fusilaban a la gente en la vía pública. Por mi ubicación, y desesperación, decidí acudir a la casa de un amigo, el doctor Humberto Rhea Clavijo, un ciudadano boliviano exiliado en Chile y, a la postre, forense del Instituto Médico Legal. Tito, como le decíamos afectuosamente, se resistió cuando me vio tocando su puerta: “Van a venir por mí, fui médico del Che y aparezco en su diario… no entres aquí.”  Sin embargo, decidió abrirme su casa y sé que le debo la vida, pues el riesgo era ser fusilado en la calle. 

Dos o tres horas después se detuvo un convoy militar delante de su casa.  Me indicó que yo esperara en la cocina, mientras él hablaba con un oficial.  Entró a buscarme y me dijo en voz baja: me llevan al Instituto forense, quédate aquí. No regresó sino hasta dos días después, de hecho unas horas antes del levantamiento del toque de queda. Tito se había especializado en el estudio de escenas criminales y la detección de los homicidas y sus móviles tras el estudio de los cuerpos, sus circunstancias, ubicaciones y condiciones. Inauguraba el estudio policiaco-forense como ciencia, y era un apasionado.

Al regresar se encerró en su estudio y se dispuso a escribir. Después de un tiempo salió a decirme que todo quedaba escrito en un texto que me entregó, mismo que leí. Decía, en esencia, que Allende no se había suicidado, que resistió hasta que fue abatido por las balas militares, que con saña le habían acribillado hasta llenar su cuerpo con balas aumentando “al doble de su peso natural” y que él, Humberto Rhea, había avalado el Informe de Autopsia que los mandos le pusieron enfrente afirmando la versión del suicidio. 

Tito había sido (no sé si en ese momento seguía siéndolo por las diferencias internas en torno a la aventura guerrillera del Che en Bolivia) miembro del Partido Comunista boliviano, y era amigo de los comunistas chilenos. Me pidió que entregara el texto a Luis Corvalán, quien en ese momento era secretario general del Partido Comunista chileno, y me dio una dirección que, decía, era una casa de seguridad del PCCh. Escondí la carta en mi zapato y salí del encierro de varios días. Lo primero que hice con mi recién ganada libertad fue entregar la carta de Tito a la casa de seguridad de Corvalán. Pronto lamenté el no haber hecho una copia de la carta. Nunca más vi o hablé con Tito. Todo eso era parte de la tensión, angustia y nerviosismo de la época.

Tiempo después cundió la versión del suicidio aceptado por todos los bandos. Lo entendí como parte de un acuerdo político para facilitar la transición hacia la normalidad democrática. Con la solicitud de exhumación por parte de la familia Allende creo entender que la necesidad del acuerdo político se ha disipado. La verdad le permitirá a Chile reconciliarse con su pasado, y lo hará más fuerte para el futuro.

        *Especialista en análisis político

            ricardopascoe@hotmail.com

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