Equidad y progreso

El reparto agrario aniquiló al latifundismo y esto impulsó el crecimiento de agriculturay ganadería a partir de la producción en la pequeña propiedad

Al inicio de los ochenta finalizó el estado de la Revolución Mexicana con importantes logros de desarrollo social, económico y desequilibrios estructurales.

El progreso del México posrevolucionario se construyó de un pacto social fundado en la realización de los derechos sociales. Los retos nacionales de hoy son su resultado.  Por ejemplo, el reparto agrario aniquiló al latifundismo y esto impulsó el crecimiento de la agricultura y  la ganadería a partir de la producción en la pequeña propiedad y la expansión de la frontera agrícola, aunque ahora tengamos que afrontar el minifundismo improductivo y la deforestación, los excedentes del campo financiaron el desarrollo urbano.

El cumplimiento de cobertura en educación básica presenta retos: garantizar acceso a la educación media y superior y su calidad. 

En salud, los programas aumentaron la esperanza de vida. El control público de los energéticos permitió la electrificación nacional, la industrialización y la generación de redes básicas de telecomunicaciones.

Desigualdad social y pobreza extendida, estancamiento económico, pérdida de soberanía y democracia incompleta son los resultados.

Flexibilización laboral y energética es el deseo gubernamental, así como sucesivas reformas al régimen político-electoral. Esto llevó también a reconfigurar el balance tradicional entre los tres poderes y entre el gobierno federal y los  estatales.

Pero, en contra de lo esperado, la realidad de la alternancia no condujo al incremento de la confianza ciudadana en la democracia.

Clientelismo político y corrupción en la vida pública quedaron intocados o empeoraron. Los partidos políticos viven en luchas partidarias, olvidan a la sociedad y hay incapacidad de los gobiernos para garantizar empleo y seguridad.

 Prevalecen desigualdad, estancamiento y anomia. Y ahora nos encontramos con un Estado debilitado, que tiene grandes dificultades para hacer valer la legalidad, los derechos, la seguridad, las contribuciones impositivas, la soberanía nacional, el bienestar social. Por eso es necesario fundar nuevas bases para el progreso de México, sustentadas en la vigencia plena de los derechos individuales y sociales, de un verdadero Estado de bienestar, democrático y progresista.

En este contexto nació la Fundación Equidad y Progreso, que dirige con acierto René Cervera, como un espacio de concentración en medio de un cúmulo de agravios y desigualdad tan grave, como la que desencadenó el movimiento revolucionario hace exactamente 100 años. Marcelo Ebrard siguió la máxima de Jesús Reyes Heroles: “Primero el programa y luego el hombre”.

Por cierto, ¿dónde están y qué hacen las Fundaciones Rafael Hernández Preciado del PAN y la del PRI, Luis Donaldo Colosio? Y, por cierto, el hijo del asesinado político reclama a los dirigentes de ese partido que ya no medren con el nombre de su padre.

         *Abogado y político

            jcsanchezmagallan@hotmail.com

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