PRI: la irresponsabilidad legislativa
El debate sobre la reforma laboral quedó atrapado nuevamente en la red de intereses corporativos que ha impedido lograr una normatividad orientada al indispensable equilibrio entre la protección de los derechos de los trabajadores y la atención de las exigencias para la ...
El debate sobre la reforma laboral quedó atrapado nuevamente en la red de intereses corporativos que ha impedido lograr una normatividad orientada al indispensable equilibrio entre la protección de los derechos de los trabajadores y la atención de las exigencias para la productividad y la competitividad económicas. Cuando parecía que la incapacidad endémica para construir acuerdos daba al menos una señal de recuperación, el PRI nos mostró que las modalidades de la esterilidad legislativa no conocen límites. Su bancada en la Cámara de Diputados introdujo la semana pasada una práctica parlamentaria inédita en el mundo: el boicot a las iniciativas propias. Lo que nos faltaba. Ya no sólo enfrentamos los reiterados obstáculos a las iniciativas de los otros, sino también los obstáculos autoimpuestos.
El discurso de un PRI renovado se evapora con los hechos. Mientras el país acumula tres décadas con un crecimiento marginal, cuyos daños son irreparables; mientras cada día de estancamiento se incrementa la deuda social y financiera de las pensiones; mientras el sindicalismo magisterial y la baja calidad de la educación consumen el llamado bono demográfico, un periodo con una mayoría de la población en edad productiva; mientras la delincuencia organizada encuentra en la pobreza un caldo de cultivo inmejorable para su sostenimiento y expansión; mientras las estructuras monopólicas continúan asfixiando las posibilidades de una economía sana y abierta, ante la pasividad de las autoridades; mientras estas y muchas más calamidades siguen ocurriendo, los legisladores y el gobierno son incapaces de ponerse de acuerdo —ya ni siquiera consigo mismos— sobre las reformas fundamentales para detonar el crecimiento económico y generar bienestar social.
Si hace unas semanas fue el gobierno panista quien actuó sin responsabilidad al descalificar a priori la propuesta de reforma fiscal presentada por los senadores del PRI, hoy son los diputados de este partido quienes evidencian una grave irresponsabilidad al desdeñar el apoyo que el PAN ya había ofrecido a su iniciativa en materia laboral y mandar a la congeladora su propio proyecto. Las presiones de los viejos intereses corporativos y, desde luego, los cálculos sobre sus efectos electorales, explican este comportamiento que, por encima de sus rasgos esquizofrénicos, revela la persistencia de un talante lleno de desprecio por la ciudadanía. Que un grupo parlamentario dedique tiempo y recursos públicos a elaborar una iniciativa que, debe suponerse, refleja sus convicciones; que consiga los apoyos necesarios para su aprobación; y que, al final, solapado en fórmulas retóricas insostenibles, la mande a la congeladora, es algo inadmisible. ¿Quién responde por esto? ¿Qué democracia resiste tanta irresponsabilidad?
* Socio consultor de Consultiva
