Chaplin y las brujas

Uno de los más grandes genios de la cinematografía de todos los tiempos fue sin duda Charles Chaplin. Original, novedoso, visionario, sensible, inteligente, imprimió en todo lo que hizo un sello personal, característico, único e irrepetible que es conocido en todo el ...

Uno de los más grandes genios de la cinematografía de todos los tiempos fue sin duda Charles Chaplin. Original, novedoso, visionario, sensible, inteligente, imprimió en todo lo que hizo un sello personal, característico, único e irrepetible que es conocido en todo el mundo. No creo exagerar cuando afirmo que la inmensa mayoría de los cinéfilos del planeta han visto al menos una película de Chaplin y ubican su imagen como El Vagabundo con su balanceo al caminar, un bastón y su corto bigote negro.

Charlot, como lo conocen los franceses, nació en medio de una enorme pobreza en Londres, hijo de padres artistas de origen judío. El papá era alcohólico y descuidaba constantemente la manutención de Hanna, su esposa, y de Charlie y Sidney, los hijos a los cuales ella se veía obligada a mantener cantando en un pequeño teatro. Una noche en que a Hanna le falló la voz el empresario sacó al escenario al pequeño Charlie, quien sedujo a todos con su espontaneidad y simpatía y, como dice la frase, “nació una estrella”.

El fracaso, la frustración y el hambre acabaron con la salud mental de Hanna, quien terminó en una institución, mientras Sidney y Charlie pasaron a vivir a un asilo callejero. Chaplin contaba que era tal la pobreza que lo único que llegó a desear en esos momentos fue hacer dinero y mucho. Siguió desempeñándose como comediante con éxito y viajó a Hollywood donde hizo la carrera que conocemos hoy y que lo convirtió en un icono del siglo XX. Dedicó su vida a una industria naciente de la que él fue uno de los grandes pilares y protagonistas. Hollywood no se entiende sin sus ojos tristones y sus películas emotivas y agudas en muchas de las cuales plasmó, además, su profunda conciencia social, su credo político e ideológico y su libertad para manifestarse en contra de todo aquello que sonara a fascismo o tiranía; la meca del cine creció gracias a Chaplin, que en la época del nacimiento del star system le dio a la industria fama internacional y jugosos dividendos.

Por otro lado, se puede decir que Charles Chaplin vivió la vida exactamente como quiso y no ha de haberse quedado con las ganas de nada. En la película de Richard Attenborough, que se titula precisamente Chaplin, protagonizada por Robert Downey Jr. en 1992, la narración gira en torno a un hombre ya anciano que sabe que la muerte ronda de cerca y quiere hacer una suerte de recuento de los daños de una vida en la que amasó una impresionante fortuna, se relacionó con muchas mujeres, tuvo 11 hijos, le dio el estatus de artista y emblema de todo un siglo y le permitió contar con muchos amigos, pero también le granjeó enemigos e ingratitudes por su forma de pensar.

Chaplin fue otra víctima de la tristemente famosa Lista Negra de Hollywood, que surgió al finalizar la II Guerra Mundial, durante la Guerra Fría en que en los Estados Unidos veían “moros con tranchetes” y se sospechaba de artistas e intelectuales de la industria cinematográfica a los que se persiguió de forma implacable en la llamada “caza de brujas” que costó carreras y en algunos casos hasta vidas.

Unos años después de concluida la guerra, el senador Joseph McCarthy echó a andar una campaña conocida como macartismo, que implicaba acusaciones, interrogatorios, denuncias y procesos llenos de irregularidades y sin pruebas o evidencias contra personas presuntamente implicadas en actividades antinorteamericanas, es decir, relacionadas con el comunismo.

Por su vida personal, algunas de sus películas, declaraciones públicas y amistad con artistas e intelectuales a los que se tachaba de “rojos”, Chaplin entró a formar parte de ese grupo de sospechosos y fue acusado de “activista inmoral e izquierdista” por lo que cruzando el Atlántico junto con su familia a bordo del buque Queen Mary para el estreno de su película Candilejas, en 1953 en Estados Unidos, fue avisado de que las autoridades de inmigración lo retendrían al momento de pisar suelo estadunidense para que aclarara “sus tendencias comunistas” con las que traicionaba al país que le había dado su hospitalidad.

En ese instante regresó a Inglaterra y profundamente decepcionado decidió no volver nunca más a Estados Unidos exiliándose en Suiza. Fue hasta 1972 que regresó triunfalmente, a los 78 años, para recibir un Oscar, el único de su carrera y que para reconocer su impresionante trayectoria le fue otorgado por un país que recibió de Charles Chaplin mucho más de lo que ellos pudieron haberle dado.

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