Tacones pa’ fuera
Es verdad que es más fácil ligar si eres una cara bonita y un cuerpo escultural
Bien dicen que el amor entra por los ojos pero yo digo que puede salirse si no tiene un fijador importante: lo que contiene el alma.
Es verdad que el físico es importante para muchas personas, también es verdad que es más fácil ligar si eres una cara bonita y un cuerpo escultural, pero a la hora de enamorarse la cara y el cuerpo no son más que un plus que adornan al pastel.
Ayer estaba viendo una película en la que sale un chico guapísimo, durante un rato no se sabe nada sobre él, no habla, ni si quiera sabemos de dónde salió. ¡Oh decepción! cuando se descubre que el personaje es un misógino, mujeriego y libidinoso, más de la mitad de su sex appeal se cae al suelo, se desmorona como castillito de arena. Su belleza se reduce a la obviedad de una cara agradable, pero el crush que ocasiona cuando vemos por primera vez al personaje, desaparece.
Cuántas veces no vemos a mujeres guapísimas con hombres por los que no das un peso de lo poco agraciados que son, o viceversa. Ya se lo que están pensando: seguro el tipo tiene un yate estacionado en la puerta de su condo en Miami, y si existen muchos casos así, pero también existen los que el hombre es un personaje agradable, simpático, culto entre muchas otras virtudes que se pueden tener que no están ligadas a unos ojos bonitos o unas pompas paradas.
El cuerpo y la cara no son más que un estuche, las feromonas no se aceleran según la belleza, de hecho, lo que hoy conocemos por belleza no es más que un estereotipo que nos hemos construido; las feromonas se enloquecen según la química que hacemos con la otra persona.
La química es la afinidad pero también tienen mucho que ver los sentidos, el olfato, el tacto, no todo se reduce a la vista. Después de la vista, intervienen otros factores como acercarnos, olerlo, escucharlo, saber qué tiene por decir, saber cómo piensa, qué le gusta, qué no. En fin, la conclusión es que el físico no es más que un vestido bonito de aparador, lo deseas ver colgado en tu clóset cuanto antes. Entonces entramos a la tienda y lo pedimos, pueden pasar dos cosas: una es que no lo tengan en nuestra talla y la otra es que nos lo probemos y ya no se vea tan bonito como cuando estaba en el maniquí. A veces el vestido nos queda de maravilla, lo compramos y nos lo llevamos a casa, al llegar lo tratamos con amor, le cortamos las etiquetas, lo colgamos en la zona VIP y esperamos ansiosamente a que llegue el día en que orgullosas lo portemos para ese evento al que tenemos que ir despampanantes. A lo mejor usamos ese vestido por los próximos cinco años y resulta ser una de esas prendas atemporal que cada que la usamos nos la chulean, pero también puede ser que a la primera puesta nos demos cuenta que pica, o que aprieta demasiado, o que la tela es muy calurosa o que simplemente lo trae el resto del mundo porque entró en barata.
No estoy comparando a los hombres con un vestido, de hecho no es que esté refiriéndome a ellos como deshechables, pero es una buena manera de entender que lo que por la vista entra no tiene acceso directo al corazón. Lo que nos gusta de primera instancia es la sala de espera para que entonces la razón comience a decidir si ese lindo empaque contiene cosas lindas también, si la hermosísima maleta de marca elegante, tiene por dentro vestidos que nos quedan a la perfección o chamarras de lana virgen que nos vuelven locas de la comezón.
@AlasdeOrquidea
