Reelección y candidaturas independientes
Transformar no depende sólo de un partido político o del Presidente en turno, sino de todos los actores que intervienen en la toma de decisiones de un país incluidos, en primer lugar, los ciudadanos, que en las últimas décadas han pasado de una participación pasiva, a una participación más activa y más crítica.
Y sucedió lo increíble, de último momento, casi al término del periodo legislativo, la reforma política se aprobó en el Senado, y hoy la discuten los diputados. Si bien es cierto que no se logró una reforma integral, hay que reconocer los avances porque eso significa que, en el ejercicio del poder, nada volverá a ser como en el pasado, no importa que regrese el PRI o que el PAN se mantenga en el Poder Ejecutivo.
El marco jurídico y las instituciones se han transformado y vamos avanzando paso a paso a un sistema más democrático. Cierto es que la nuestra es una transformación lenta y nos causa siempre la sensación de insuficiente y rebasada por la realidad. Peor aún, la integración plural de la Cámara de Senadores y la de Diputados, la alternancia del Poder Ejecutivo desde el año 2000, las coyunturas electorales, las estrategias de alianzas coyunturales, la falta de una visión de Estado a largo plazo, entre otros factores, hacen más difícil la coordinación entre los diferentes actores políticos en los tres niveles de gobierno (que en muchos casos emanan de diferentes partidos) y el Legislativo y el Ejecutivo, lo que da origina cierto ambiente de caos.
Pero transformar no depende sólo de un partido político o del Presidente en turno, sino de todos los actores que intervienen en la toma de decisiones de un país incluidos, en primer lugar, los ciudadanos, que en las últimas décadas han pasado, de una participación pasiva, a una participación más activa y más crítica. Por ello importan a los ciudadanos, y no sólo a la clase política, los puntos que se discuten y esperemos que los apruebe el Constituyente Permanente.
Comencemos por los asuntos de la reelección de legisladores y las candidaturas independientes.
En el primer caso, los ciudadanos podrán evaluar, en cada Distrito, el trabajo de aquellos que se dicen representantes populares y muchas veces logran el voto con campañas de compromisos que no cumplen cuando llegan al cargo o incluso votan por temas que dañan los intereses colectivos. Esta evaluación ciudadana obliga a que los legisladores respondan más a sus electores que a los intereses de las élites de su partido.
La importancia es mayor en el caso de la candidatura independiente o ciudadana cuando sabemos que ésta es una facultad que tienen los ciudadanos para competir por un cargo de elección popular sin que sea postulado por un partido. La Constitución ya marca ese derecho de todo ciudadano a ser votado, pero los institutos políticos monopolizaron esa participación.
En México, entre 1810 y 1910, las candidaturas individuales fueron las únicas reconocidas en la ley, pues los partidos no tenían personalidad jurídica. Los ciudadanos eran electos por diversos cargos y por diferente circunscripción electoral y el candidato elegía cuál sitio ocupar. Actualmente, 29 países tienen la posibilidad de las candidaturas independientes a nivel de la presidencia de una república; 67 para la integración de legislaturas (una cámara); 17 en el caso de la integración del Poder Legislativo (dos cámaras) y 81 para la presidencia y la integración de legislaturas.
En la actualidad, las candidaturas independientes o ciudadanas vienen a responder a una falta de credibilidad y pérdida de confianza en los partidos políticos (esto sucede en todo el mundo, no sólo en México), mas también vienen a responder a una falta de apertura del sistema democrático a la participación de los ciudadanos, en particular la de los jóvenes y de las mujeres. Es decir, por una parte complementan el sistema democrático que se ha sustentado sólo en el sistema de partidos y, por otra, consolidan e impulsan la participación ciudadana de forma real y equitativa en la toma de decisiones dentro del Poder Legislativo (lamentablemente, sólo se contemplan para la esfera legislativa).
Estoy segura de que, a partir de 2012, los ciudadanos que encabecen candidaturas independientes lograrán un número importante de representaciones populares que les permitirá impulsar con mayor fuerza un acuerdo nacional para establecer políticas de Estado a largo plazo en donde se ponga en la mesa de debates temas como los que hasta este momento no quisieron discutir los diputados de partido, la reforma educativa y laboral por ejemplo, es decir, el interés colectivo primero.
*Maestra en derecho constitucional por la UNAM
