¿Será otra de vaqueros?
Valor de ley o Temple de acero o True Grit es de las películas que se tienen que ver desde dos ópticas: los que conocen el libro o la película del mismo título y los que ni idea tienen de su existencia. Temple de acero es la más reciente película de los hermanos Joel ...
Valor de ley o Temple de acero o True Grit es de las películas que se tienen que ver desde dos ópticas: los que conocen el libro o la película del mismo título y los que ni idea tienen de su existencia.
Temple de acero es la más reciente película de los hermanos Joel e Ethan Coen, quienes se han cansado de afirmar que no es un remake de la de 1969, dirigida por Henry Hathaway y protagonizada por John Wayne, quien ganó, por ese trabajo, el único Oscar de su carrera. Dada la trayectoria de los Coen, su particular forma de construir historias, personajes y diálogos con un sello siempre personal en sus películas, les creo que no buscaron hacer un refrito y que tomaron como base -como lo dicen los créditos de la cinta- la novela homónima de Charles Portis, escrita en 1968.
Lo que pasa es que a nivel de la cultura popular es mucho más conocida la película de Hathaway que la novela corta de Portis y de ahí que surjan las siempre odiosas comparaciones. Con sus diferencias bien establecidas, es como si se pensara que Mujercitas, de 1994, es un remake de la de 1949 y ésta de la de 1933, cuando es fácilmente reconocible que las tres toman como eje la novela de Louisa M. Alcott, que muchos leímos en la adolescencia.
Insisto, los Coen no tienen ninguna necesidad de refritear películas y con esta han demostrado, además, que pueden ser comerciales y taquilleros y gustarle a la Academia de Hollywood, como lo prueban sus diez nominaciones, aunque en efecto es fuerte la imagen en la memoria de aquel clásico de 1968 titulado también Temple de acero.
Algunos han sentido que los Coen en esta cinta ya no son aquellos hermanos transgresores, en cierta forma críticos, sin contemplaciones para el espectador y desde luego ningún tipo de miramiento para construir y tratar a sus personajes. En Temple de acero se lucen con un western, género que ha venido de capa caída con alguno que otro destello, como lo fue en su momento la espléndida The Unforgiven, de Clint Eastwood, del año 1992. Con un sentido del humor mucho más convencional que en otras de sus películas -El gran Lebowsky, por ejemplo-, la historia está ubicada en el salvaje, sanguinario, autoritario, anárquico y primitivo Oeste después de la Guerra Civil. Mattie Ross es una adolescente de escasos 14 años -en una interpretación convincente y muy sólida de Hailee Steinfeld, con una nominación como Mejor Actriz de Reparto- que, llena de determinación y valor, se da a la tarea de encontrar al asesino de su padre y llevarlo a comparecer ante la justicia o como sea que se llamara ese pretendido sistema que ni lejanamente controlaba la cantidad de salvajadas que se cometían en la región en la que "los malos se salen con la suya simplemente porque nadie los persigue". El asesino al que ya todos dan por desaparecido es Tom Chaney (Josh Brolin), que mató a quemarropa al que era su amigo.
Desgraciadamente, Mattie depende de hombres de dudosa reputación para lograr su misión en un territorio en el que las mujeres eran punto menos que nada.
Así va a dar con un Marshall, alcohólico, violento, parlanchín, misógino, tuerto -del otro ojo del que lo era John Wayne- y que usa métodos muy poco ortodoxos para atrapar "vivos o muertos, enteros o en partes" a delincuentes sobre cuyas cabezas haya una recompensa interesante. "Me han dicho que es usted un hombre con verdaderas agallas", le dice Mattie a Rooster Cogburn, interpretado por un extraordinario Jeff Bridges, al que parece ser que por fin se reconoce su personalísimo talento como actor y que verdaderamente se regocija en la interpretación de un personaje que es un bocado de Cardenal. Rooster acepta de muy mala gana y le dice que regresará en unos días, pero no es tan fácil, ya que Mattie, que trae las faldas bien puestas, dice que ella tiene que ver con sus propios ojos la captura y ejecución del asesino de su padre.
Inician así una jornada a la que se une un Texas Ranger (Matt Damon), que persigue a Chaney por otro delito. El heterogéneo trío recorre la región en un viaje que por momentos recuerda Hermano, ¿dónde estás?, también de los Coen.
Lo mejor de Temple de Acero es Jeff Bridges, quien en ningún momento pretende imitar o evocar el trabajo de John Wayne; Hailee Steinfeld, que igualmente no quiere parecerse a Kim Darby y provee a su Mattie Ross de ternura, aplomo e inteligencia.
La fotografía llena de detalles de Roger Deakins, cuya lente ha estado presente en varias películas de los Coen, redondea un ambiente y dirección de arte muy bien logrados.
9/10.
