El triunfalismo: peligrosa y vieja enfermedad que la sufre hoy más de un político
The New York Times publica un excelente artículo de obligada lectura sobre China y el triunfalismo.
Un error que muchos cometen ante lo que escuchan, es creer que el triunfalismo lo inventó Felipe Calderón. No obstante el celo con el cual en esta administración varios lo practican desde su principio —el 1 de diciembre de 2006, no el 1 de enero de 2007 como alguno insiste por ahí para quedar bien con aquél—, el triunfalismo es tan viejo como la gobernación.
En esto de engañar al súbdito o al ciudadano que con su voto puede tumbar gobiernos, se codean malos con buenos y peores; también, honrados con corruptos, e incapaces con los experimentados y hábiles. Todos, sin distingo alguno de ideología e idea de la gobernación, comparten esa pasión por el triunfalismo, por engañar al gobernado.
Hoy en día el mundo atestigua la legitimación de una gran potencia —la República Popular China— que por encima de sus debilidades evidentes, se colocó ya en un plano de igualdad en materia de disputa política con Estados Unidos. En China, si bien hay grupos no pequeños a los que los triunfos y avances de todo tipo les producen orgullo, aún conservan la mesura y el buen juicio para reconocer —por encima de lo alcanzado—, lo mucho que falta por hacer y en consecuencia, por mejorar.
Otros grupos, con fuerza creciente cada día, ocupan posiciones clave en el gobierno, partido y ejército; son los que impacientes por alcanzar la hegemonía se ven ya como nuevos emperadores y con la soberbia de estos, pierden la objetividad y hacen suya la peor de las enfermedades y desviaciones en un político: el triunfalismo.
En un excelente artículo de obligada lectura —2 de enero en The New York Times bajo el título How to Stay Friends With China (HYPERLINK “ https://www.nytimes.com/2011/01/03/opinion/03brzezinski.html?_ =1&scp=2&sq=zbigniew%20brzezinski&st=cse” https://www.nytimes.com/2011/01/03/opinion/03brzezinski.html?_r=1&scp=2&sq=zbigniew%20brzezinski&st=cse), Zbigniew Berzezinki habla del hecho preocupante porque “Some pronouncements by Chinese commentators smack of premature triumphalism regarding both China’s domestic transformation and its global role.”
Para los que con sus comentarios nos “cachetean con un prematuro triunfalismo” (“smack of premature triumphalism”), el ex asesor de Seguridad Nacional y estudioso de la situación internacional recomienda releer el mensaje que Stalin dirigió a los cuadros del PCUS en 1930, aparecido en Pravda el 2 de marzo de ese año.
El título mismo es una severa crítica al triunfalismo: “Dizzy with Success” (HYPERLINK “ https://www.dur.ac.uk/a.k.harrington/dizzy.html ” https://www.dur.ac.uk/a.k.harrington/dizzy.htm); ahí, Stalin señala lo peligroso que puede ser dejarse llevar por ese vicio que con tanto celo practican Calderón y dos de sus secretarios —el de Hacienda y del Trabajo—.l
“Mareados con el éxito” podría aplicarse —casi mecánicamente— a los que ya ven en México una recuperación “consolidada” y afirman que el país “recorre ya la ruta de la recuperación”.
En vez de citar frases o párrafos del mensaje de Stalin, mejor le pido leerlo.
Si lo hiciere, tome en cuenta lo que afirman aquellos tres y dígame si no están completamente “mareados” como aquellos a los que se dirigió Stalin hace 80 años.
La diferencia de los nuestros con aquellos, es que los de aquí ni siquiera toman Dramamine; nos recetan —día tras día— “buenas noticias” mientras que la realidad los ignora por completo. Bueno sería que les aplicaren una purga, no como las del Padrecito de Todos los Pueblos, pero tan efectiva que deje cortos al Aceite de Ricino y al Magsokon.
A ver si con la purga se les quita el “mareo”, producto del perverso triunfalismo.
