El ocaso de un asesino
Como sucede en otras ocasiones, desconozco el libro original que da pie a esta adaptación cinematográfica, titulada en inglés The American y que en México tiene el horroroso título de El ocaso de un asesino. De nuevo esa necedad de subestimar al espectador que requiere ...
Como sucede en otras ocasiones, desconozco el libro original que da pie a esta adaptación cinematográfica, titulada en inglés The American y que en México tiene el horroroso título de El ocaso de un asesino. De nuevo esa necedad de subestimar al espectador que requiere de una “ayudadita” para que entienda de qué se trata la película. No veo cuál sería el problema de titularla El americano, pero en fin, esa es una crítica por mi parte que no ha encontrado eco ni respuesta de los responsables.
Por los créditos de la película me entero de que existe la novela que la inspiró, escrita por Martin Booth, A Very Private Gentleman. El autor del guión es Rowan Joffe y probablemente sea su trabajo la falla más importante que hace que El ocaso de un asesino no funcione ni fluya sin encontrarse obstáculos en la narración que le restan contundencia, decisión y sustancia; otro factor que puede influir es la dirección de Anton Corbijn, a la que le falta potencia e intensidad, una definición más precisa en la construcción del protagonista que la aleja del espectador, quien no acaba de entender qué hace este hombre y por qué su expresión permanente de enojo-amargura-desconfianza-tristeza.
Protagonizada por George Clooney, quien exceptuando Up in the Air, Amor sin escalas, de 2009, ya lleva varios proyectos inconsistentes desde Syriana y que aquí interpreta a Jack o Edward, un norteamericano solitario, frío y calculador que guarda un secreto. No se nos da un solo elemento de su pasado y sólo alcanzamos a saber que se dedica a fabricar armas sofisticadas sobre pedido con una impresionante maestría y que trabaja para o con un sujeto que se llama Pavel, con el que sólo se comunica por teléfono. ¡Ah!, y otra cosa más que ya hemos visto hasta el cansancio en este tipo de historias: el hombre tras una carrera de venta de armas y homicidios a sangre fría quiere retirarse y gozar de una jubilación en un chalet suizo bien acompañado de una bella prostituta italiana. Para ello acepta una última misión
—la clásica última misión— y se interna en un hermoso pueblo de una árida región de Italia para trabajar en su encargo en donde lo llaman L’Americano.
Acostumbrado a socializar sólo lo indispensable se hace amigo del sacerdote del pueblo, quien a su vez lo pone en contacto con un mecánico que “hace cosas poco legales” y con el que se provee de herramientas, piezas y equipo para la elaboración de un rifle impresionante con silenciador, que le es solicitado por una bella mujer con la que tiene algunas conversaciones que giran en torno a las características del arma en cuestión en un lenguaje que sólo ellos entienden ¿y nosotros? bien gracias.
Sin duda lo mejor de la película es la interpretación de Clooney, quien aparece en pantalla 99 por ciento del tiempo como protagonista absoluto (es además el productor) y al que vemos en todos los emplazamientos, ángulos, acercamientos y alejamientos posibles. A sus casi 50 años se conserva impecable, lo que sea de cada quien, y la película es un buen catálogo de su persona, además se hace acompañar de muy bellas actrices, pero precisamente por las fallas en el guión el actor no logra establecer una conexión entre el personaje y el espectador, al que se le escatima riesgo y suspenso en la presencia de unos torpes suecos que lo persiguen para matarlo durante toda la trama. El resto del reparto es más bien gris y no pasan de escasos minutos en la pantalla con lo que el público sigue viendo la película a considerable distancia y pensando si falta mucho para que acabe.
Lo malo es que el guión “hace agua” porque no acaba de plantear el conflicto existencial de Jack-Edward, hay algunos lugares comunes, pero faltan antecedentes que nos involucren con la historia. Como espectadores vamos viendo El ocaso de un asesino jugando a las adivinanzas y en espera de más bellos escenarios que parecen una promesa al inicio de la cinta, pero la mayor parte transcurre en una región árida y seca de Italia. De hecho la película plantea un intento por verse europea, pero la acción, la dirección y el fallido guión hablan más bien de su tono hollywoodense incluyendo su larga crisis en la elaboración de buenas historias originales.
Probablemente el problema sea que llegué con expectativas, pues había escuchado y leído buenas críticas de El ocaso de un asesino, pero a los 25 minutos me declaré oficialmente decepcionada y me resigné a esperar a que terminara.
Fallida, sólo por George Clooney la dejo en 7.
