Un laboratorio del tiempo, el evocador legado de la minería

En 1811, el Seminario se instaló en el Palacio de Minería, cuya construcción corrió a cargo del escultor y arquitecto español, Manuel Tolsá, uno de los artistas más reconocidos de la época

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Un viaje a través de más de tres siglos de actividad minera en México, es parte de la historia custodiada en el Palacio de Minería, uno de los edificios icónicos de la capital del país. 

En una visita realizada por Excélsior en las instalaciones del archivo con el responsable del Acervo Documental de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Francisco Omar Escamilla, este compartió parte de la historia del recinto, así como el desarrollo del patrimonio documental de la institución.

La creación del Real Tribunal de la Minería en 1777 dio paso a la generación del archivo relativo a la administración de la entidad virreinal. Sin embargo, existen algunos documentos que relatan la actividad minera de la Nueva España desde el siglo XVI.

“Nuestro archivo inicia ya de manera constante justo en 1777, con distintos tipos de documentos como cuestiones laborales, pagos de mineros, así como temas legales y fiscales están expresadas en los documentos”, recalcó Escamilla. 

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Posteriormente, “se fundó en 1792 el Real Seminario de Minería que dependía Tribunal de Minería; tiene como origen la producción de plata en Nueva España, pues era uno de los recursos naturales más importantes para la corona española”, mencionó. La entidad reguladora en materia minera abrió sus puertas en un edificio ubicado en Guatemala 90, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

En 1811, el Seminario se instaló en el Palacio de Minería, cuya construcción corrió a cargo del escultor y arquitecto español, Manuel Tolsá, uno de los artistas más reconocidos de la época. En la Carta de Presentación del libro “200 años del Palacio de Minería: su historia a partir de fuentes documentales”, editado por la UNAM en 2013, se refiere: 

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“Construido sobre una superficie de 7,830 m2, el Palacio de Minería cuenta con tres pisos (planta baja, entrepiso y planta alta) que albergan cinco patios, una capilla, un salón de actos, 19 aulas, dos bibliotecas, un museo, siete salas de exposiciones y un espacio denominado acervo histórico, donde se resguardan aproximadamente 300 mil documentos históricos.”

De acuerdo con información del sitio web oficial de la facultad, “a partir de 1825, los ingenieros mexicanos egresados del que pasa a llamarse Colegio de Minería”. El colegio sufrió diferentes transformaciones con el paso del tiempo, convirtiéndose en una de las escuelas fundadoras de la Universidad Nacional en 1910, adquiriendo la categoría de Facultad de Ingeniería en 1959. 

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El presente

En la actualidad, el archivo continúa recibiendo la información considerada histórica generada por la propia casa de estudios superiores, referente a la educación continua, registros académicos, expedientes de docentes, alumnos, así como un sinfín de documentación administrativa. 

Entre historiadores y bibliotecólogos el equipo de trabajo está conformado por 12 profesionales que tienen a su cargo la tarea de gestionar, conservar, investigar y difundir el centro de información. Con la llegada del nuevo milenio han logrado establecer sus procesos dentro del marco normativo archivístico. 

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Escamilla relata haber llegado al recinto en 1999 como prestador de servicio social, dos años después ingresó a trabajar formalmente al archivo, y no fue sino hasta 2007 que se hizo cargo del acervo documental. Físico de profesión, ha encontrado en la labor archivística y en la historia una vocación de la que dice sentirse orgulloso tras 26 años de ejercer el oficio.

“Empecé a hacer temas de historia de la ciencia y de la técnica; hoy en día ya podemos decir que nos dedicamos a la historia de la ingeniería. Actualmente estamos interviniendo en estas colecciones técnicas”, puntualizó.

“Mi función no solo es rescatar la documentación, ordenarla, dar servicio al público, también hacemos investigación: participar en eventos académicos, seminarios, congresos, conferencias, visitas guiadas, es decir, difusión a todos los niveles”, agregó el especialista en historia de la ciencia.

Parte de la memoria

El acervo documental, hoy perteneciente a la Facultad de Ingeniaría de la UNAM, se fundó en 1973 con todos los documentos y libros hallados durante las labores de restauración del Palacio de Minería. Está compuesto por el archivo, fototeca, una biblioteca y el taller de restauración. Entre libros, folletos, revistas, tesis, mapas, libros y materiales de construcción, resguarda aproximadamente 350 mil documentos recopilados desde el siglo XVI.

El documento más antiguo que resguarda el recinto documental data de 1575, se trata de un libro de juntas de una mina del Estado de México. Aunque los documentos comenzaron a generarse desde 1777 a partir de la creación del tribunal.

La edificación fue sometida a un profundo proceso de restauración en la década de 1970. Los trabajos contemplaron la recuperación del patrimonio cultural de la escuela desde sus inicios hasta la formación de la facultad. 

Según consta en una nota de Excélsior del 27 de junio de 1974, “entre las piezas descubiertas hay libros únicos que revelan que en la Nueva España, en 1790, se conocían y enseñaban las matemáticas superiores… hay estudios sobre minerología, consistencia de suelos, etc.”.

La materialoteca

Como parte de la memoria de la ingeniería del país se encuentra la colección de materiales históricos denominada ‘materialoteca’, conformada con más de 1000 piezas de materiales de construcción de diferentes características y épocas, reunidas a partir de la creación de la Escuela Nacional de Ingenieros en 1882.

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Se decidió reunir esta colección de ladrillos, piedras, azulejos, maderas, entro otros, empleados en la construcción de edificios del país para el estudio de jóvenes estudiantes de ingeniería civil.

A la conversación se unió Iván Alvarado, ingeniero civil especialista en monumentos inmuebles, uno de los descubridores de estos materiales, quien relata cómo se hallaron las piezas constructivas mismas que se encontraban abandonadas en una bodega del Palacio de Minería alrededor del año 2017.

“Me mostraron algunos de los cubos de muestra que tenían el escudo de patrimonio federal, en ese momento se resguardaron. Años después, ya trabajando en la Jefatura Aministrativa, me tocaba ver el mantenimiento del inmueble y en alguna ocasión viendo alguna de las bodegas debajo de la escalinata encontré uno de los cubos, entonces recordé cuando años antes había visto estos materiales”.

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Luego de una revisión exhaustiva de las piezas, por medio de un informe encontrado en el archivo se pudo ver que era parte de la colección antigua, por lo que, se comenzó el rescate de la colección.

De manera accidental fue descubierto uno de los acervos especializados en ingeniería civil más importantes que estuvo olvidado más de 40 años. Aunque la colección no está completa está considerada como una de las materialotecas más importantes en el ámbito constructivo de México.

Un ladrillo recolectado en Ixtapan de la Sal en 1882 por el ingeniero de minas, Santiago Ramírez, que se encontraba realizando labores de campo, es la pieza más antigua con que cuenta el acervo único en su tipo; la materialoteca más extensa que existe a nivel nacional.

Entre tejas francesas, piezas de cemento de principios del siglo XX, pavimento francés, ladrillos esmaltados, destaca una muestra de cantera del Pulpito del Diablo, utilizada para la construcción de la columna del Ángel de la Independencia y el Hemiciclo a Juárez. 

La primera mujer que se tituló como ingeniera civil en 1930, Concepción Mendizábal Mendoza, hizo sus prácticas profesionales en el laboratorio y en sus memorias profesionales mostró fotografías de la materialoteca, algunos materiales que aparecen en las fotos están localizados en la colección.

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“La idea es ver no solo ver los documentos en papel o la información gráfica, sino también la información material que nos da este tipo de colecciones técnico-científicas, contribuye a documentar la historia de la ingeniería lo que nos ayuda a hacer investigación de otro modo”, aclaró Escamilla. 

Las joyas

Excélsior pudo consultar algunos de los documentos más importantes que conforman los diferentes fondos y colecciones del acervo histórico. Acompañaron la muestra documental los historiadores que se desempeñan como colaboradores, Ricardo Magaña Díaz y Karina Ríos Martínez, quienes en todo momento velaron por la integridad de las piezas exhibidas.

Andrés Manuel del Río, catedrático de mineralogía, descubrió en 1802 el Vanadio, un elemento químico importante para el estudio de los minerales. Tablas mineralógicas traducidas por del Rio en 1804, el libro original contempla una clasificación mineral importante para los científicos de la época con manuscritos y anotaciones sobre los análisis realizados por el científico para llegar al descubrimiento del vanadio. 

Otro documento importante es un registro administrativo y legal del Tribunal. En el libro constan los ingredientes consumidos en la Tienda Nuestra de Guadalupe en el beneficio de metales de mina de agua en Temascaltepec, Estado de México y sus memorias. Destaca por su encuadernación en pergamino y el estilo de escritura del escribano, además del papel hecho a mano con marcas de agua, uno de los primeros registros de la época virreinal.

Dentro de la selección se encuentra la primera radiografía en México en 1896, esta llegó al archivo en 1994 como parte de la colección de la Sociedad Científica Antonio Alzate fundada en 1884, misma que se transformó en la Academia Nacional de Ciencias en 1930. En la imagen aparece la mano de una persona junto con un par de lápices y una caja de pastillas. 

Por otro lado, se mostraron documentos fotográficos pertenecientes a la fototeca con que cuenta el acervo, misma que consta de más de 6,000 piezas. Su contenido se centra fotos de en informes, prácticas estudiantiles, visitas de alumnos, entre otras imágenes.

Se observó un expediente fotográfico de 1923 en el que se observan las máquinas técnicas que se encontraban en el salón bicentenario del recinto, una serie de fotografías que relatan la condición en que se realizaban los talleres de prácticas con motores y maquinaria de la época instalados dentro de los salones del Palacio de Minería. 

Fotografías de a la actividad profesional de los ingenieros en la construcción de ductos y diferentes obras de infraestructura que ellos mismos documentaban en sus informes. Parte de la maquinaria que aparece en las fotografías se emplean actualmente para hacer demostraciones académicas de cómo funcionaba en el pasado la actividad minera. 

“La fotografía es otra forma de visibilizar el archivo a través de otro tipo de documentos como un sistema, porque un ingeniero con una cámara hace fotografía artística, es decir, mira al mundo”, enfatizó el responsable del archivo. 

La biblioteca

El espacio que hoy alberga la biblioteca originalmente contenía las piezas de materialoteca ubicadas hoy en otro espacio del inmueble. Aunque tiempo atrás funcionó como comedor para los jóvenes estudiantes que residían dentro de la escuela.

La biblioteca cuenta con dos colecciones especializadas de la Facultad de Ingeniera y la Asociación de Ingenieros y Arquitectos, mientras que se complementa con la colección de la Sociedad Alzate, integrada por material bibliográfico de diferentes disciplinas y ramas del conocimiento. Lleva el nombre de Antonio M. Anza desde 2007.

Al final del recorrido

“El acervo histórico es la memoria de la ingeniería, se trata de reunir, ordenar, investigar y difundir. Además, es el centro de todo, la gente interesada viene, se junta y se crea una comunidad que va creciendo en torno a la información. La gente que no le gusta ir a su trabajo aquí no hay nada de eso, aquí sí hay emoción todos los días por venir a trabajar”, reflexionó.

“Estamos acostumbrados a que los héroes de la historia siempre son políticos militares personas que le fueron dando un rumbo a la nación, pero aparte de ellos también hay héroes científicos, esos son nuestros héroes”, concluyó el especialista.

El acervo documental está abierto al público, cuenta con servicio especializado para investigadores, visitas guiadas, consultas en sala de material bibliográfico y documental. A través de redes sociales ‘Acervo Histórico del Palacio de Minería’ se puede solicitar información sobre los diferentes servicios.

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