México bajo fuego

La historia registrada de la Prevención y Combate de Incendios Forestales en México proviene desde la colonia, donde en 1803, Carlos V emitió el decreto de ordenanza donde se obligaba a combatir los incendios forestales

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Los incendios forestales son ocasionados de manera natural o provocados por el ser humano, sus efectos son devastadores para el medio ambiente, el ecosistema, así como la flora y fauna del territorio en que se presentan.

Según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), dependiente de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), “La historia registrada de la Prevención y Combate de Incendios Forestales en México proviene desde la colonia, donde en 1803, Carlos V emitió el decreto de ordenanza donde se obligaba a combatir los incendios forestales (Dante, 2015)”.

Las llamas de un siniestro de esta naturaleza pueden extenderse ampliamente a través de diferentes zonas de vegetación, incluso propagarse en zonas urbanas. Aquí hacemos un recuento de algunos de los incendios forestales más representativos en México.

¿Qué ha pasado en México?

En el periodo de 1954 a 1956 se presentaron varios incendios forestales en diferentes estados de la República Mexicana, algunos de los más prominentes se dieron en la Sierra Madre Oriental de Monterrey, donde las llamas lograban reactivarse debido a las fuertes corrientes de viento. 

Otro de los estados más afectados fue Puebla, cuya Sierra Norte se incendió durante 4 días. El fuego fue provocado por una onda cálida que trajo consigo temperaturas superiores a los 30°. 

Ya en 1956, también en Puebla, un evento parecido provocado por fuego de origen desconocido acechó la zona de los volcanes, aunque no representó mayor peligro, la población fue desalojada por algunos días mientras las autoridades controlaron la emergencia. 

Para 1960, Nuevo León volvió a ser escenario de un incendio forestal que tardó varios días en ser extinguido resultando afectadas un gran número de comunidades aledañas. 

Fuego en la capital

La Ciudad de México no se salvó de arder; en febrero del mismo año se encendieron las alertas entre los vecinos de las Lomas de Chapultepec debido a las llamaradas que se levantaron en algunos terrenos boscosos. Varias horas de trabajo fueron suficientes para que la situación no se convirtiera en un suceso de mayores proporciones.

Aquí mismo en la CDMX, más de 500 hectáreas de bosque y pastizales se incendiaron durante más de 76 horas. El siniestro fue catalogado como uno de los más graves hasta ese momento en aquella zona de la capital.

También en febrero un fuerte incendio forestal ocasionó severos daños en los municipios aledaños a la comunidad de Ayotla, en el Estado de México. Las autoridades determinaron que una colilla de cigarro fue la causante de que las llamas se propagaran.

El fuego arrasó con todo a su paso, incluyendo las viviendas de más de 500 familias que perdieron todo. Aunque no hubo víctimas que lamentar, las pérdidas materiales fueron cuantiosas: cerca de 10 millones de pesos. 

Otros estados como Durango, Tlaxcala, Chihuahua, Campeche, Quintana Roo y Nuevo León, resultaron afectados por diferentes catástrofes derivadas principalmente de la quema de arbustos para fines agrícolas.

Una ola de incendios forestales azotó diferentes regiones del país en 1998, principalmente Oaxaca. Decenas de hectáreas resultaron afectadas a lo largo del territorio nacional, lo que representó una de los años con mayor actividad de los equipos de socorro, derivándose de ello la creación de la CONAFOR en 2001.

Por otro lado, la fauna y vegetación de El Bonito, Coahuila, presentó serios daños luego de incendiarse la superficie de la localidad perteneciente al municipio de acuña de la entidad norteña en abril del 2011. Aunque el siniestro fue sofocado en pocos días, las afectaciones fueron cuantiosas considerándose como uno de los incendios forestales más desastrosos hasta la fecha en México.

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