100 años: La última morada de los forjadores de la nación
Plutarco Elías Calles tomó la decisión de trasladar a la Columna del Ángel de la Independencia los restos de los héroes patrios encabezados por Miguel Hidalgo y José María Morelos
Diseñada y construida por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, la victoria alada que representa la independencia de México fue inaugurada el 15 de septiembre de 1910 por el presidente Porfirio Díaz como parte de las celebraciones del centenario del inicio de la lucha independentista.
Quince años más tarde, mediante un acuerdo del entonces presidente en turno, Elías Calles, se ordenó el traslado de las osamentas de los próceres nacionales desde la Catedral Metropolitana hasta una cripta construida ex profeso para contener dichos restos. La noticia fue dada a conocer por Excélsior el 18 de agosto de 1925.

El interior del Ángel de Reforma fue acondicionado con una cripta especial para resguardar los restos óseos de los mencionados personajes históricos; las obras de adecuación estuvieron a cargo del arquitecto Manuel González Rul.

Las obras estuvieron a cargo del arquitecto Manuel González Rul.
Como parte de las conmemoraciones de la gesta heroica iniciada en 1810 por Miguel Hidalgo en Dolores, Guanajuato, y consumada el 27 de septiembre de 1821 con la entrada triunfal a la Ciudad de México de Agustín de Iturbide y su Ejército Trigarante, se dio a conocer un programa de festejos oficiales a nivel nacional.
Las actividades llevadas a cabo desde el 13 hasta el 17 de septiembre contemplaron un maratón en calles del Centro Histórico, bailes en el Palacio de Minería, así como un evento que se denominó el Día del soldado en los llanos de Balbuena, además de numerosos festivales escolares, sin dejar de lado la tradicional ceremonia en memoria de los Niños Héroes en Chapultepec.

La noche del 15 de septiembre se llevó a cabo el grito por la Independencia en la Plaza de la Constitución del Centro Histórico. El presidente Calles hizo acto de presencia desde el balcón principal de Palacio Nacional. De acuerdo con información de El Periódico de la Vida Nacional, aquel fue el primer grito transmitido por radio a nivel nacional.
Al día siguiente, el 16 de septiembre de 1925, se efectuó el traslado de los restos de los próceres de la patria, que previamente habían sido reunidos en la tumba del último virrey de la Nueva España, Juan O’Donojú, ubicada en la Catedral Metropolitana donde en el interior fueron posteriormente reubicados en la capilla de San José. Las osamentas de hombres como Vicente Guerrero, fueron exhumadas del panteón de San Fernando días antes del traslado.
Ya en el interior de la Catedral Metropolitana, un grupo de profesores de la Secretaría de Educación Pública entonaron cantos de acompañamiento al evento solemne. Por su parte, el reportero de Excélsior Rafael Heliodoro Valle fue encargado de extraer el contenedor con los restos de Nicolás Bravo llevándolos a la carreta en la que serían encaminados hacia el mausoleo del Ángel de la Independencia.
De ese modo, a través de nueve urnas, Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Matamoros, Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, José Mariano Jiménez, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo y Francisco Javier Mina, emprendieron el camino hacia su última morada.
Cortejo fúnebre avanzó por la calle de Madero entre banderas tricolores; elementos del Colegio Militar formaron una valla en el perímetro del recorrido mientras oleadas de asistentes buscaban el mejor lugar para presenciar el recorrido.
Una vez en el Ángel de la Independencia, donde ya se encontraba Calles en compañía de varios miembros de su gabinete; así como una comitiva de invitados diplomáticos del extranjero, se rindieron los honores de Estado ante cientos de personas.

Luego de un hondo discurso del senador Juan de Dios Robledo, se procedió a depositar las urnas de bronce dorado en los espacios dedicados a su reposo dentro de la columna, de inmediato Calles dirigió una ofrenda floral para después abordar su vehículo y trasladarse al primer cuadro capitalino a presenciar el tradicional desfile militar en el que participaron alrededor de 10 mil efectivos del ejército.
Por la noche, se ofreció una función de ópera en el teatro Esperanza Iris, a la que acudieron miembros del cuerpo diplomático entre otros invitados de honor, con lo que se dieron por concluidos los festejos de la Independencia de hace cien años.
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