Conafe, 45 años de labor educativa

El Consejo lleva instrucción a los niños de comunidades marginadas. Atiende a 764 menores de nivel inicial y básico

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Calidad. En comunidades marginadas de todo el país, el Conafe brinda educación intercultural, incluyente, flexible y con equidad. Foto: Diego Mateos/Archivo
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CIUDAD DE MÉXICO.

Desde hace 45 años, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) es el organismo descentralizado de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que se ha encargado de llevar instrucción a los niños que viven en los lugares más recónditos del país.

Jóvenes de 15 a 20 años de edad son quienes, por decisión propia, optaron por convertirse en profesores en comunidades que no superan los tres mil habitantes, logrando que los niños de esas localidades marginadas aprendan a leer, a escribir, a sumar, restar, multiplicar y hasta hablar el español para poder comunicarse en el resto de la República Mexicana.

En la actualidad, el Consejo se encarga de dar clase a 335 mil 228 alumnos de educación básica comunitaria; a más de 429 mil menores de cuatro años en educación inicial, y a 431 mil 610 padres, madres y tutores con técnicas de crianza y estimulación temprana.

Los líderes para la educación comunitaria trabajan bajo el esquema multigrado, es decir, que un mismo profesor da clases a los niños de los tres grados de preescolar o se encarga de atender a los de primero a tercero de primaria, o a los de cuarto a sexto grados.

Hoy, Conafe cumple 45 años de servicio, de llevar instrucción a quienes, por vivir en zonas marginadas, probablemente terminarían sumándose a las cifras del analfabetismo, de no ser por el servicio educativo que les proporciona el Consejo.

El 11 de septiembre de 1971, un decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación creó el Conafe, con el objetivo de brindar servicios de educación básica a niños y adolescentes que habitan en localidades marginadas o con rezago social.

Desde entonces, el Consejo se ha encargado de que los niños de lugares más apartados tengan la oportunidad de estudiar, aún en las condiciones menos favorables para su aprendizaje y, así, cumplir con su derecho a recibir educación, aunque ésta no sea de calidad, pues los salones a veces no tienen ni techo, piso o ventanas, baños, y mucho menos luz.

Además, los jóvenes que imparten las clases lo hacen para obtener un pago mensual bajo el esquema de beca, a fin de tener la oportunidad de continuar estudios de bachillerato o educación superior, de lo contrario, no podrían cursar esos niveles académicos.

Pero si no fuera por esos jóvenes, denominados líderes comunitarios, los más de 764 mil niños que actualmente viven en localidades marginadas no tendrían manera de cursar el kínder, la primaria o la secundaria, por lo que la labor de los instructores del Conafe ha sido el ingrediente principal para que los infantes de esas localidades puedan tener el derecho a recibir educación.

El problema, han reconocido exdirectores del Conafe, es que a esas localidades no van ni los maestros que lograron obtener una plaza en los concursos de ingreso y, mucho menos, los docentes que ya están en servicio.

En esos rincones inmersos en la sierra, la selva o el bosque sólo aceptan dar clases jóvenes de esas mismas comunidades marginadas que, a la vez, desean estudiar el bachillerato o una carrera profesional y, por tanto, dan clases a cambio de una beca de mil 400 pesos mensuales.

NÚMEROS

  • En 2016, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) recibió cinco mil millones de pesos de presupuesto.  Atiende a 334 mil 919 alumnos de nivel preescolar, primaria y secundaria.
  • De ese monto, 739 millones 200 mil pesos son para el pago de becas a los maestros, llamados líderes educativos comunitarios.
  • El resto de los recursos se destina a gastos operativos, compra de ropa y zapatos, así como edición de libros y materiales educativos; es decir, más de cuatro mil 260 millones de pesos se gasta en otros rubros.
  • Cada  líder educativo comunitario recibe 16 mil 800 pesos al año por dar clases en comunidades marginadas, monto que equivale a lo que algunos docentes ganan en un mes.