Ausencias que lastiman: “queremos cerrar esta etapa dolorosa”

La última vez que vieron al doctor Delio Peniche fue el 3 de noviembre de 2008, cuando salió a cenar

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MÉRIDA, 24 de noviembre.— Delio Peniche Manzano, médico en el Centro de Salud de Mérida, llegó a su trabajo, como era su costumbre, al filo de las 2:20 de la tarde del 3 de noviembre de 2008.

Al doctor no se le conocían lujosas propiedades ni riquezas extraordinarias. Sus círculos lo definen como persona tranquila, casado y con tres hijos pequeños, sin deudas o enemigos. Llegó en un automóvil Spirit modelo 94 color verde. Se estacionó, saludó y entró a dar consulta.

Esa tarde, como a las 18:30 horas salió a la calle a probar algún bocado mientras cumplía el final de su jornada que, ese día, culminaría a las 22:00 horas. Nadie lo vio regresar, no registró su salida. No se le ha vuelto a ver.

En entrevista con Excélsior, su hermano Alfonso Peniche Manzano recuerda el calvario que la familia ha vivido desde entonces. A las 6:30 de la mañana siguiente lo despertó una llamada de los secuestradores que exigían 3.5 millones de pesos a cambio de la vida de Delio; a pesar de los intentos, no lo han vuelto a ver.

El 6 de abril de 2009, cuando se cumplían cinco meses y tres días de la desaparición de mi hermano, recibí en mi teléfono celular el siguiente mensaje:

Va a seguir escondido hasta k tu quieras k regrese y cambian las condiciones. Ahora n va ser lo sino (sic) y seguira guardado y muy lejos de aca. Cuando contestes el mje t diré cuales son las condiciones. X maricon se cambia todo ok” (cita textual). Fue la última comunicación que se tuvo sobre el doctor Delio Peniche.

En total recibimos 107 mensajes, todos procedentes del número que usaba el desaparecido, que incluyen peticiones de rescate y amenazas. Desde entonces hemos luchado por que se reconozca que se trató de un secuestro.”

Alfonso señala que en estos años ha tenido contacto con personajes como Alejandro Martí e Isabel Miranda de Wallace, ha hecho innumerables audiencias, colocado carteles y numerosas peticiones a la administración de Ivonne Ortega. Su familia ha sufrido el desengaño de decenas de personas que un día sí y otro no afirman haber visto a su hermano, pero nunca con certeza.

El tiempo transcurre y la ley, inmisericorde, señala que jurídicamente hablando tiene que probarse que está muerto para que su esposa e hijos tengan acceso a una pensión. Todo con un proceso doloroso, pues persiste la incertidumbre.

Resignados, pero con una leve flama de esperanza, deseamos y queremos que nuestro hermano aparezca, como Dios nuestro señor haya decidido; lo que deseamos es cerrar esta etapa tan dolorosa, que es la incertidumbre de desconocer su paradero.

“Buscamos y esperamos esa tranquilidad espiritual, que sólo te lo puede proporcionar la aparición de él, vivo o muerto, que nos permita cerrar el libro y vivir más tranquilos.”

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