El brillante destino de un refugiado en Alemania: ¡se volvió empresario!
Un joven afgano que huyó de la guerra dirige una empresa solar en Alemania y emplea a migrantes como él
Esta historia sucede en Lohra, Alemania. El muchacho observa desde lo alto de un andamio. Lleva gafas redondas de metal, barba corta, chaqueta de trabajo. Bajo sus pies, tres empleados terminan de fijar una hilera de paneles solares sobre el tejado de una escuela. Es un día nublado en Hesse, pero el sol, aunque invisible, sigue haciendo su trabajo. Igual que él.
Se llama Rostam Nazari, tiene 25 años y dirige técnicamente una empresa de energía solar en Alemania. Lo asombroso no es eso. Lo asombroso es cómo llegó hasta aquí: sin saber leer ni escribir, huyendo de un país en guerra, cruzando fronteras a pie y océanos en bote. Lo asombroso es que, después de esa travesía, no sólo aprendió un idioma completamente nuevo, sino que escribió dos libros, fundó una compañía y decidió hacer de la energía –la misma que le faltó en su infancia– su oficio y su causa.
Viví sin electricidad durante siete años”, dice sin dramatismo. “Quería entender por qué aquí todo el mundo la tiene, y en mi país no”.
Infancia sin luz
Rostam nació en una aldea rural de Afganistán, donde los días se medían por el sol y las noches por la oscuridad. Su familia vivía sin corriente eléctrica, sin agua corriente y sin certezas. Cuando era niño, pensaba que el mundo entero vivía así. Tardó años en descubrir que no.
Un ferry atracado en el Bósforo, símbolo de las rutas migratorias desde Asia hacia Europa. Fotografía: AFP / Kemal Aslan
Lo que vino después fue más difícil. La violencia, la inestabilidad y la pobreza forzaron a su familia a abandonar Afganistán y establecerse temporalmente en Turquía. Allí, sin papeles ni perspectivas, tomaron una decisión que marcaría su destino: enviar a Rostam y a su hermano menor a Europa. El viaje fue largo, peligroso y silencioso. Tenía 15 años.
“Lo que soporté es indescriptible”, dice. No da detalles. No hace falta.
Un nuevo idioma, una nueva vida
Aterrizó en Alemania sin idioma, sin padres, sin escuela. Fue acogido en un centro para menores no acompañados junto con su hermano. De pronto, había calefacción, comida caliente, reglas, horarios y adultos que lo miraban a los ojos. También había algo nuevo: una posibilidad.
Empezó con clases intensivas de alemán. Las primeras semanas fueron un muro. Luego, letra a letra, empezó a cruzarlo. A los 18 años, hablaba lo suficiente como para contar su historia. Y decidió hacerlo. El resultado fue "El viaje de Rostam", un libro escrito en alemán donde narra su paso por la guerra, la ruta migratoria y su adaptación en Alemania.
“No quería que fuera un libro triste. Quería que mostrara lo que se puede hacer con una oportunidad”, dice.
Ese primer libro lo escribió con la ayuda de una educadora del centro, que también le consiguió un editor. Luego vino el segundo: un recetario de cocina afgana, donde mezcló memorias, ingredientes y anécdotas de su tierra. Uno fue catarsis. El otro, homenaje.
El oficio de la luz
A esa altura, ya tenía claro que su vida no iba a quedarse en el papel. Un padrino adoptivo, voluntario en Marburgo, lo animó a estudiar electricidad. Durante tres años y medio, le dedicó dos tardes por semana para ayudarle con la formación técnica. Sin cobrar nada.
En ese contexto conoció a David Szielenski, hijo de una trabajadora del centro de acogida. Se hicieron amigos. En 2023, fundaron juntos SolarBau24, una empresa especializada en energía fotovoltaica. David, de 33 años, puso la experiencia empresarial. Rostam, el conocimiento técnico y una mirada particular sobre lo que significa empezar desde abajo.
Trabajadores de SolarBau24, provenientes de 12 países, instalan paneles solares en Lohra, Alemania. Fotografía: AFP / Hannes P. Albert
En poco más de un año, la empresa ha crecido hasta emplear a 32 personas. Muchos son inmigrantes recientes: iraníes, turcos, somalíes, rusos. Personas que, como él, llegaron con poco más que una mochila y una voluntad intacta.
La compañía rompe moldes: no exige CVs ni cartas de motivación. Prefiere conocer a la gente en persona. “La actitud pesa más que el currículum”, explica Szielenski.
Además, la empresa reconoce títulos extranjeros –algo inusual en Alemania– y permite días libres por festividades musulmanas. Ofrecen comidas compartidas y horarios flexibles. Es una forma de integrar sin forzar. De dar sin pedir permiso.
Contra el frío burocrático
Alemania, mientras tanto, endurece su política migratoria. El nuevo canciller conservador, Friedrich Merz, ha hecho del control migratorio una prioridad, presionado por el avance de la extrema derecha. Pero el país tiene un problema más urgente: necesita trabajadores. En sectores clave como la construcción, la salud y la energía, la escasez de mano de obra es alarmante.
Trabajadores de SolarBau24 colocan paneles solares sobre un techo metálico en Alemania.
Rostam lo resume sin vueltas:
“Este país necesita a los migrantes. No sólo por compasión, también por impuestos, por economía, por cohesión social. Pero hay que facilitarles el camino. Si no, los perdemos”.
Él mismo reconoce que sin ciertos apoyos –la educadora, el padrino, el sistema de acogida en Marburgo– habría quedado “perdido como muchos otros” frente a la burocracia alemana. La llama “tediosa, difícil e insoportable”. Pero no se queja. Sólo advierte.
Luz propia
Hoy, Rostam vive cerca de Marburgo. Supervisa obras, capacita empleados, escribe de vez en cuando. Sigue viendo a su hermano, que también logró establecerse. Habla alemán con fluidez, pero a veces, cuando le preguntan por su pasado, responde en frases cortas. Algunas heridas no necesitan traducción.
Lo que más le enorgullece, dice, no es la empresa ni los libros. Es haber entendido lo que significa tener una oportunidad y usarla.
“No vine a quedarme quieto. Vine a construir. Porque si no lo haces tú, nadie lo va a hacer por ti”.
En un país donde la energía solar es símbolo de modernidad y sostenibilidad, él la convirtió también en símbolo de supervivencia y futuro. Un niño que creció sin luz, y que hoy ayuda a otros a encender la suya.
Uno entre mil
Alemania registró en 2023 su mayor número de solicitudes de asilo desde 2016: más de 351 mil peticiones, según datos de la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF). Afganistán fue el segundo país de origen de estos solicitantes, sólo detrás de Siria. En ese contexto, historias como la de Rostam Nazari cobran relevancia, al mostrar una integración exitosa en un sistema que, en muchos casos, sigue siendo restrictivo y complejo para los recién llegados.
La transición energética alemana —la Energiewende— ha generado una demanda creciente de técnicos y trabajadores en el sector solar. De acuerdo con un informe del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) publicado en mayo de 2024, Alemania necesitará incorporar al menos 215 mil nuevos trabajadores al sector de energías renovables para cumplir sus metas climáticas hacia 2030. La escasez de mano de obra calificada ha llevado incluso a flexibilizar ciertos requisitos de contratación y homologación de títulos para migrantes, aunque con muchas barreras todavía vigentes.
El canciller Friedrich Merz, líder de la CDU, asumió el cargo en diciembre de 2024 tras una alianza con partidos conservadores y liberales. Su gobierno ha endurecido las políticas migratorias, especialmente en lo relacionado con la deportación de solicitantes rechazados y la reducción de beneficios sociales para quienes no puedan acreditar voluntad de integración. No obstante, su gabinete también ha debido impulsar medidas pragmáticas para facilitar la migración laboral, ante la presión de sectores industriales y demográficos.
SolarBau24, la empresa cofundada por Rostam Nazari, se inscribe dentro de un ecosistema de más de 60 mil empresas activas en el sector solar en Alemania, muchas de ellas pequeñas o medianas, según la Agencia Alemana de Energía (dena). Si bien es difícil encontrar cifras individualizadas de crecimiento, la tendencia del mercado fotovoltaico es clara: en 2024 se instalaron 17.5 gigavatios de nueva capacidad solar, marcando un récord histórico. Esta expansión no solo requiere ingenieros, sino también técnicos, instaladores y personal logístico, posiciones donde la inmigración puede jugar un papel clave.
Agence France Presse.
EL EDITOR RECOMIENDA








