Ganan Nobel por descubrir los sensores de calor y frío

David Julius y Ardem Patapoutian se inspiraron en el chile y los abrazos para sus investigaciones

Por: AFP

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Ardem Patapoutian y David Julius. Foto: Especial

ESTOCOLMO.

Los estadunidenses David Julius y Ardem Patapoutian recibieron el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre la forma en la que el sistema nervioso transmite la sensación de calor.

Estos descubrimientos revolucionarios pusieron en marcha intensas actividades de investigación que permitieron aumentar rápidamente nuestra comprensión de cómo nuestro sistema nervioso percibe el calor, el frío y los estímulos mecánicos. Los galardonados identificaron eslabones críticos que faltaban en nuestra comprensión de la compleja interacción entre nuestros sentidos y el entorno”, informó el jurado del Nobel en Estocolmo.

Julius usó capsaicina, sustancia presente en el chile que causa ardor, para identificar un sensor en las terminaciones nerviosas de la piel que responde al calor.

Patapoutian utilizó células sensibles a la presión para descubrir un nuevo tipo de sensores que responden a estímulos mecánicos en la piel y los órganos internos.

Ambos son expertos en estimulación corporal externa e interna, de los canales por donde va la información hasta el sistema nervioso central.

Desde el siglo pasado, quedó demostrado que las células nerviosas están altamente especializadas en la detección y transducción de distintos tipos de estímulos.

Esto permite una percepción matizada de nuestro entorno; por ejemplo, nuestra capacidad para sentir diferencias en la textura de las superficies a través de las yemas de los dedos o discernir tanto el calor agradable como el doloroso.

Sin embargo, las investigaciones de los galardonados permiten responder a la gran pregunta de cómo se convierten en impulsos eléctricos los estímulos mecánicos y de temperatura, a través de nuestro sistema nervioso.

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PICANTE Y PRESIÓN

A partir de chiles, en concreto la capsaicina, Julius descubrió una de las principales moléculas de las terminaciones nerviosas que se activan con el calor.

Este hallazgo, que data de 1997, permite comprender mejor cómo sentimos las temperaturas. Pero quedaba por explicar la “sensación mecánica” por la que percibimos una presión sobre la piel, como un abrazo.

Ésta es la principal aportación de su colega Patapoutian, quien ya había trabajado en la percepción de la temperatura.

En 2010, su equipo aisló por primera vez dos moléculas que tenían un papel en la percepción de los estímulos mecánicos.

Para encontrarlos, durante casi un año los investigadores observaron células de ratones a los que les iban retirando un día una proteína, otro día, otra. E iban ejerciendo presión física sobre la célula, que respondía con descargas eléctricas.

Hasta que una de las células no respondió. La responsable era, por lo tanto, la proteína que faltaba y el gen que codifica su producción en la célula.

Los investigadores la bautizaron como proteína Piezo, que en griego quiere decir presión, y así descubrieron una molécula hermana, Piezo 2, con un papel fundamental en el tacto.

Estos descubrimientos abren la vía a tratamientos para ciertas patologías, como enfermedades raras en las que el paciente no percibe sus propios miembros.

El interés terapéutico será sin embargo mayor si se logra desentrañar este funcionamiento en la sensación de dolor.