Ganan el Premio Nobel de Física al confirmar la teoría de Einstein

Tres astrofísicos de EU serán galardonados por detectar las ondas gravitacionales predichas hace 100 años

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ESTOCOLMO.

Tres estadunidenses fueron galardonados con el Premio Nobel de Física por confirmar una predicción de Einstein: la existencia de ondas gravitacionales, una revolución que nos acerca al corazón del Big Bang y al origen del universo.

Un siglo después de que Albert Einstein enunciara los principios de estas ondas en su teoría general de la relatividad de 1915, el trabajo de los astrofísicos Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne coronó 50 años de esfuerzos experimentales por parte de científicos e ingenieros.

Medir las ondas gravitacionales proporciona una nueva manera de observar el cosmos, ayudando a los científicos a explorar la naturaleza de misteriosos objetos como agujeros negros y estrellas neutrones. También puede permitir el acceso a los inicios del universo.

Las ondas gravitacionales son el resultado de violentos eventos galácticos, como el choque de agujeros negros o la explosión de estrellas masivas, y pueden revelar eventos que ocurrieron millones de años atrás.

La primera detección directa de ondas gravitacionales tuvo lugar en septiembre de 2015 en el LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser, en español) donde trabajaban los tres laureados.

Los agujeros negros no emiten luz, y sólo pueden ser observados mediante las ondas que surgen cuando éstos chocan y fusionan de forma violenta, ofreciendo a los científicos una manera de estudiarlos.

En 1984, Thorne y Weiss crearon el LIGO en el prestigioso Instituto de Tecnología de California (Caltech), que ha recibido 18 premios Nobel desde la creación del galardón en 1901. Barish se unió a ellos en 1994 y ayudó a finalizar el proyecto del observatorio, donde hoy en día colaboran más de mil investigadores de 20 países.

La primera observación directa de las ondas gravitacionales fue el resultado del choque de dos agujeros negros ocurrido a unos mil 300 millones de años luz de distancia.

Las ondas gravitacionales son minúsculas y casi indetectables, ya que interactúan de forma muy débil con la materia y viajan a través del universo a la velocidad de la luz, sin que nada las detenga.

Las ondas afectaron la dimensión de los aparatos de detección en una diezmilésima parte del núcleo de un átomo de hidrógeno.

Desde 2015, esas enigmáticas ondas han sido detectadas tres veces más: dos por el LIGO, y una por el detector Virgo situado en el Observatorio Gravitacional Europeo (EGO), en la ciudad italiana de Cascina.

Einstein estaba convencido de que nunca sería posible medirlos”, afirmó el comité Nobel. “El logro del proyecto LIGO fue utilizar un par de gigantescos interferómetros láser para medir un cambio miles de veces menor que el núcleo de un átomo, mientras las ondas gravitacionales atravesaban la Tierra”, añadió.

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